Sin tierra bajo mis pies.

A veces esa sensación me asalta, quisiera decir que de forma inesperada, pero no es así. En cierto modo la veo venir.

La percibo como una sombra, ni siquiera oscura, que se acerca despacio y silenciosa. No la veo, pero sé que lo hace. Como cuando juegas al “un, dos, tres, al escondite inglés” y los demás se han movido, pero tú no lo has visto. Hasta que te toca y empiezas a correr sin saber muy bien hacia donde. Pero corres.

Y qué puedo hacer entonces. Nada. No tengo opciones. Solo seguir corriendo. Aunque ya no note el suelo bajo mis pies.

Antes por lo menos, aunque tropezara con piedras en el camino, la tierra estaba ahí para parar mi caída. Es mejor sentir el golpe que seguir en caída libre al vacío. O eso creo.

De todas formas, debería agradecer el aviso. No entiendo por qué, cuando llega, sigue pillándome desprevenida. Es como si cerrara los ojos conscientemente, como si quisiera ser alcanzada. “Toque”, tú la paras y nadie te salva.

Si me quedo en esta sensación por mucho tiempo, tal vez no quiera volver al suelo. “Dile a los míos que los quiero, pero la tierra es tan azul…”

Desplazándome en el aire. Suspendida sobre el mundo. Todo me queda a distancias inhumanas, difíciles de salvar. Y me esfuerzo, y me esfuerzo… pero quiero decir: ya no puedo más.

Y que no pase nada.

Que no importe.

Y tocar fondo, porque así por lo menos, habré parado. En lo oscuro, sí, pero habrá algo bajo mis pies.

Ya me levantaré cuando sea, cuando pueda, cuando quiera. Al día siguiente.

Tomaré el control, “Can you hear me, major Tom?”

 

Holly

Anuncios

Finales.

 

“Hay tantos finales como variantes en una ecuación. Yo soy la constante que pasa tangente a la vida.”

—¿Por qué no los dejas? ¿Por qué no pueden ser felices?

Ella lo miró, ladeando la cabeza ligeramente. ¿Le hacía en serio esa pregunta? ¿Él? Permaneció unos segundos callada, pensando la respuesta, y planteándose si tal vez no se hubiera equivocado al juzgar al hombre que tenía delante como a otro cualquiera.

—Serán felices, —Contestó al fin. —pero de otra forma, con otras personas.

—Ella nunca lo será; —Dijo él descontento con su respuesta, —acabas de matarla. —añadió.

Tenía razón, “ella” no iba a serlo, pero eso daba igual. Había tenido la oportunidad de ser feliz y no supo aprovecharla, o no quiso, o no pudo. Pero eso no importaba, ya habría otras vidas para aprender esa lección. Puede que ella misma la trajera de nuevo a la existencia, con otro nombre, pero con las mismas cargas, las mismas obligaciones, las mismas penas. Y hasta que no aprendiera a vivirlas de otra forma, así sería de nuevo: moriría por ellas. Invariablemente.

 

“El día transcurre para todos, incluso en el papel.”

Tal vez por eso, los temas se pierden, las conversaciones se acaban sin ser del todo concluyentes. Pero si uno de los interlocutores desea realmente cambiar algo, vuelve a retomarla al cabo de un tiempo. No importa cuántas horas hayan transcurrido desde que la abandonaron. Si algo le inquietaba de lo que se habló, volverá sobre sus pasos para encontrar de nuevo las palabras. Puede incluso que algunas sean las mismas.

—¿Por qué? Deberían poder reencontrarse. Deberían poder ser felices hasta el final.

Ella lo observaba con renovado interés. Volver a insistir sobre la felicidad de dos personas no parecía propio de él. Dudó si explicar sus motivos podría llegar a satisfacer la disconformidad del hombre. Miró su rostro, deteniéndose en la frente contraída, su boca ligeramente encogida en una mueca de disgusto. Él la miraba fijamente, esperaba una contestación. O tal vez… ¿un cambio de parecer de ella? Quizá no quisiera una explicación, sino una modificación. No estaba dispuesta. Eran sus vidas, ella las había creado, ella había ido deshaciendo la madeja para tejer una colcha preciosa de vivencias. Se le había roto por unos lados y la remendó con otras colchas rotas. Como habitualmente pasa. Y él debería saberlo. Era un hombre inteligente, acostumbrado a ver como las vidas se truncan muchas veces sin estar terminadas. Quizá por eso le reclamaba piedad como se le pide a un dios clemente. No estaba en su mano. Ella no era clemente.

—Ya hay un final feliz.

—Pero no con ella. —Insistió él. —Deja de ser del todo feliz si no es con ella. Él la ama de verdad y ella a él.

—¿Estás seguro de eso, de que lo ama? —Lo cortó ella, dispuesta a entrar en su juego, sólo por esta vez.

 

Entonces él la miró distinto. ¿La estaba descubriendo en ese instante? ¿Quién era ella? Hasta entonces, había sido una persona dulce y divertida, pero ahora la veía desde otro ángulo. Cruel, sin empatía ni sentimientos. Cómo podía despojar de algo tan sencillo pero fantástico como una vida juntos a dos personas que se quieren… ¿premeditadamente? ¿Era ella consciente del dolor que viviría “él”? Perder a la mujer que ama con tal intensidad que no le importa permanecer en la sombra para poder hacerlo. Quitarle incluso esa posibilidad de amarla así. ¿La había juzgado mal?

— Aléjala de él, si quieres. Pero luego, al final, devuélvesela. — Dijo él, muy serio. —Se lo merecen.

— ¿Los dos? ¿Tú crees? —Lo miraba, curiosa, reprimiendo en una suave sonrisa la atracción que él estaba despertando en ella.

Era alguien dispuesto a sentir, deducía, eso que reclamaba. Puede que él estuviera esperando de ella implícitamente esa misma reacción. Tal vez quisiera trasladar a su propia piel ese final feliz que reclamaba para “ellos” en el papel. Si le hacía la pregunta, podría pasar que ella no estuviera preparada para su respuesta. Aunque en realidad, no hay respuesta para la que estemos preparados. ¿No pasaba así siempre? ¿No se dejaba llevar ella cada vez que un camino se cortaba para abrir otro? ¿No levantaba muros y luego luchaba para derruirlos?

“No, no se está preparado nunca para la respuesta que nos asusta.”

—¿Qué debería pasar, según tú, entonces? — La curiosidad pudo sobre ella.

—Te lo he dicho. Deberían amarse. Ellos pueden. ¿Por qué negarles eso? Quererse de una forma suprema, por encima de toda adversidad, superando obstáculos. Deberían ser felices. —Repitió él. Y acabó con un —: Para siempre.

Esa palabra que repetimos con cualquier excusa. ¿Cómo iba a explicarle los motivos que ella conocía de otras veces? Evidencias que en otras ocasiones le espetaron en los ojos, desde la pantalla, sin buscarlas, encontrándolas por azar, siendo dadas por la misma trayectoria del que protagonizaba sus letras en ese período. Era inútil. Dejó que la traslación de la situación a la realidad, lo explicara todo por sí misma.

— En la vida real, no “siempre” tenemos finales felices.

Sintió pena por ella. No era capaz de dejar sus miedos fuera del papel. Si en la realidad no había tantos finales felices como personas, ¿por qué entonces no dejar que en la ficción sí los hubiera? Era sencillo. Él la hubiera amado. De verdad. En esa vida real a la que ella aludía, habría luchado por tener algo similar a lo que describía que “ellos” poseían. Entonces, tristemente, acabó dándole la razón.

“’Siempre’ no existe. Ya lo escribí en otra ocasión.”

Terminó el día, como todos los días terminan. Él se fue sin saber si, alguna vez, tendría un final siquiera la mitad de feliz del que pudiera haber tenido con ella. Pero con la certeza de que siempre volvería a ese día, a recordar lo que hablaron y a preguntarse porqué y si valió la pena. ¿Por qué preguntó por qué? ¿Por qué no pudo dejar de hacerlo?

También se terminó para ella. ¿Podría aceptar que ya no existiría eso para ellos dos, cuando ella misma había desmoronado toda posibilidad con sus argumentos? ¿Se perdonaría alguna vez? ¿Cuántas vidas volvería para aprender?

Porque ninguno de los dos tuvo el final feliz que ambos deseaban.

Holly

 Copyrighted.com Registered & Protected E9ZN-WZJV-H2UK-IZ0Z

Ardo y perdono.

Recuerdo… Sí, lo recuerdo. Te he visto correr. Hacia mí. O lo que de mí quedaba. Cuando el dolor ya no me consumía. Corriste hacia mí y, aún no sé cómo, me liberaste.

Siento frío en todo mi ser. Si no abro los ojos, pareciera que nada de lo que ha ocurrido, hubiera pasado. Mis oídos quedan sumergidos en el agua y el líquido diluye el griterío de la gente, me sumerge en la oscuridad, algo no elegido pero que me produce placer a estas alturas.

Vienen a mi vientre un rumor de pasos, casi olvidados. Como si fuera ayer, rememoro el nacimiento de una niña hermosa, sin mácula que la señale. Vivo con ella y contigo, a la puerta de nuestro hogar, miro el pasar de las dichas y las risas y la gente que, saludando, nos envidia sin saberlo.

Permanezco quieta, por si me olvidan. Como yo los he olvidado. El frío mar me sujeta y me mece, me acoge y me consuela. Y si abro los ojos, el silencio los invade. Un resplandor naranja sube por la torre de la iglesia y de su boca negra ya no salen demonios.

Igual que pude ver como moría, veo ahora las almas de otra gente que, como yo, buscarán amparo en esta agua. Siento como la sal escocerá su piel hasta dormirla. Siento sus lágrimas recorriendo mi cara, que sobresale por encima de esta húmeda mortaja.

Recupero la hierba bajo mis pies descalzos. La recupero incluso para ella. Alcanzo a saborear su dulce voz en una canción profana, la misma que yo cantaba al acunarla. Su risa alborota mis ojos, sus suaves rizos pintan de rojo el cielo mientras juega a imaginarse pájaro.

Si tan solo pudiera cogerle la mano.

La sujetaría aquí a mi lado. Las dos tendidas en este frío que calma.

Ya no se oye nada. Sus ojos ya no miran asustados a los míos. Se pierde entre las llamas con presteza, igual que se pierden los suspiros. Igual que se pierde y quema el miedo.

No sé cómo pudiste, pero recuerdo… Sí, te recuerdo corriendo a desatarme.

Y luego este silencio y sosiego que me brinda el agua, que me ama, me devuelve a las entrañas de mi madre y apaga el fuego que me abrasa. Es algo blando que dejo que me invada. Y tomo una última bocanada de aire. Respiro profundo y miro el negro cielo. Y aparecen sus rizos rojos quemándolo todo.

Al hundirme te arrastro conmigo. Y a los miles de manos que antes que yo pasaron sus dedos por las duras piedras, consagradas al rezo, condenadas a él. Y la arrastro a ella, antes incluso de perderla por ser madre, por ser hija.

La sombra del santo edificio bendice el trozo de mar que me engulle, encuentro mi paz. Y los perdono.

Holly

Copyrighted.com Registered & Protected E9ZN-WZJV-H2UK-IZ0Z

Para que salga el sol por donde quiera.

Déjame que te diga un par de cosas. O tres.

Una de esas cosas es que no te necesito. Dicho esto, que quizá sea lo más importante, puedo afirmar que, con el total de mis capacidades mentales perturbadas, me gusta estar contigo.

Pero no te necesito.

Sé pintar una pared de color y si no me gusta, cambiarla. Agujerearla dieciocho veces para colgar dos fotos (una nuestra y otra de mi perro), un dibujo de mi sobrino, un cuadro que pintó mi abuela y un poema de E. E. Cummings que enmarqué hace siglos, cuando el amor era tortura, pero que me sigue gustando.  Y tapar luego los doce agujeros que me sobran, porque el treceavo lo utilizo para colgar un calendario donde apunto las noches que quedo contigo.

Sé llamar por teléfono a asistencia en carretera y sentarme a esperar en un arcén y escuchar los pajarillos, porque me quedé tirada sin gasolina. Porque que sepa memorizar un número de teléfono en mi móvil no significa que me acuerde siempre de hacer caso a la luz de reserva. Pero que te hagan gracia esas cosas, y te olvides de ellas conmigo en cuanto nos sentamos en el sofá a ver una serie francesa, demuestra que estás más loco que mi madre, que llama mil veces para recordarme el cumpleaños de mi tío.

También sé cocinar una paella. Con sus gambas rojas, su cebollita picada, sus mejillones, su costilla fritita, su pimiento morrón. Y un buen gazpacho. Sé quemar las empanadillas, dejar cruda la tortilla, asar sardinas en el horno, pochar un huevo en un cazo, y hacer palomitas en una sartén. No me importa si te gustan mis platos, mientras me gusten a mí. Pero me gusta comerlos en el balcón contigo.

Sé salir con mis amigas y quedar con tus amigos. Puedo cambiar de opinión y dejar de ir al cine para salir pitando a por el coche y pasar la tarde en el río. Me encanta bailar sin ritmo mientras invento la letra de una vieja canción y un nuevo idioma. Me gusta llorar hasta aburrirme viendo una peli dramón, llenar el suelo de pañuelos arrugados, pelearme con mi perro para que no se los coma, dejarme lamer los mocos, y sonreír al verle mover su cola, empezar a jugar con su pelota y acabar tirada en el suelo mientras él ocupa mi sitio en el sofá. No necesito que me entiendas. Ni que llores y luego rías y luego llores y luego vuelvas a reír por hacerme compañía. Pero si estás, estás, y me gusta que estés. Pero si no estás, no estás, y no me importa que no estés. Porque no te necesito.

Y después de tantas cosas que te he dicho, una última te voy a contar: si te despiertas conmigo en la madrugada, levantaremos juntos la persiana para que salga el sol por donde quiera. Porque no te necesito, pero me gusta más el sol contigo.

“since feeling is first
who pays any attention
to the syntax of things
will never wholly kiss you;
wholly to be a fool
while Spring is in the world
my blood approves
and kisses are a better fate
than wisdom
lady i swear by all flowers. Don’t cry
—the best gesture of my brain is less than
your eyelids’ flutter which says
we are for each other: then
laugh, leaning back in my arms
for life’s not a paragraph
and death i think is no parenthesis”

“Since feeling is first – E. E. Cummings”

Holly

Copyrighted.com Registered & Protected E9ZN-WZJV-H2UK-IZ0Z

Darte mi silencio

Esa sublime sensación de estar completos, absolutos, colmados, que me invade últimamente, nos la debemos.

La vida puede que no sea un camino para llegar hasta nadie. Es lo que todos se empeñan en decir, en creer. Tal vez sea porque ellos no tuvieron la suerte de alcanzar la meta. Cada cual la suya. La mía, evidentemente, eres tú. No es algo que me planteara desde el nacimiento, pero las cosas… suceden. ¿Soy afortunada, lo eres tú? Quizá sí. No me quita el sueño pensar en ello, pero, como todo, está ahí. Estoy segura que no nací para conocerte a ti y que mi vida no era un propósito universal para encontrar la tuya en este planeta. Pero sí creo firmemente que nací para alcanzar este estado en el que nos sumimos los dos al estar juntos.

Unos dedos danzarines acarician mi estómago cada vez que pienso en ti. Puede que los demás no encuentren en el amor algo tan profundo como en el desamor. Como si el primero no pudiera sacar de nosotros toda esa amalgama de sentires y reflexiones que el segundo arranca sin esfuerzo y mucho dolor. Pero yo, que con poco de ti lo siento todo, no comparto su criterio.

Hace falta tan poco. Tan poco.

Si te acercas y me besas, y se hace el silencio, soy feliz. Si te acercas y me miras muy adentro, y te pierdes en mis pupilas, soy feliz. Si te acercas y me coges de la mano o acaricias mi cintura o apoyas tu cabeza entre mi cuello y mi hombro… ¡soy feliz! Todos esos pequeños silencios que me regalas cuando, sin planificar, te dejas ser sencillamente feliz por mi causa, sin yo haberlo ideado… todos, sin excepción, demuestran los sentimientos tan maravillosos que provoca el amor. Tal vez las personas nos hemos acostumbrado a ponerle palabras a la tristeza por sacarla de nuestro interior, para que duela menos. Pero con el amor es distinto. No queremos que se vaya. Lo atesoramos dentro de nosotros.

Puede que quizá por eso, el amor sea silencio.

Quiero hacer el silencio contigo.

Siempre.

Holly 

 Copyrighted.com Registered & Protected E9ZN-WZJV-H2UK-IZ0Z

Invencible

 

Paz y luego rojo.

El rojo me hiere los ojos.

No.

Vuelvo a empezar.

Paz, silencio, suave y respiro. Gris.

El frío gris me pesa sobre los hombros.

No. No.

Vuelvo a empezar, de nuevo.

Paz y silencio y quietud y azul. Y rojo. Y gris.

Los tres colores se convierten en algo sucio, borroso, que entorpece mis pasos.

No. No. No.

De nuevo, empiezo.

Oscuridad. Locura. Sangre. Negro.

Fuerza. Quema. Golpea. Crea. Negro.

Sentir. Araño. Grita. Negro.

Abrazar. Hielo. Muerdo. Explosión. Negro.

Rompe. Salta. Funde. Mira. Arde. Negro.

Ruido. Corre. Hierro. Furia. Conciencia. Negro.

Razón. Embiste. Corta. Sacude. Levanta. Negro.

Arma. Muévete. Pelea. Mide. Derriba. Negro.

Conciencia. Líquida. Consume. Extremos. Fe. Negro.

Miente. Devora. Besa. Destruye. Suma. Negro.

Libre. Perdona. Impide. Quiere. Nace. Quita. Negro.

Sueña. Deseo. Ama. Toca. Lame. Negro.

Orden. Aire. Mira. Ríe. Baila. Negro.

Adivina. Huye. Copula. Deserta. Cede. Negro.

Busca. Separa. Calla. Abre. Dicen. Negro.

Atraviesa. Llora. Firme. Anula. Trabaja. Desierto. Negro.

Calma. Deslumbra. Ahogo. Invade. Sujeta. Miedo. Negro.

Fin. Luce. Corre. Teme. Reclama. Cose. Negro.

Apaga. Camina. Vístete. Fama. Arruga. Círculo. Expulsa. Negro.

Divide. Cambia. Proyecta. Choca. Para. Cura. Da. Negro.

Ofúscate. Clarividencia. Rabia. Duelo. Cristal. Sombra. Cree. Negro.

Pierde… Gana. Nada. Todo. Otros. Tú. Muere. Negro.

Vive. Vive. Vive. Vive. Viv….

Invencible, Holly

Copyrighted.com Registered & Protected E9ZN-WZJV-H2UK-IZ0Z

Vida

*

Como una estrella al punto de convertirse en supernova.

Estallo.

Y miro a mi alrededor. Todo es luz y después oscuridad.

Pero en esos instantes en los que la luz crece, todo es maravilloso.

Se llena de colores intensos y brillantes.

Una música ensordecedora lo inunda todo.

Bailo.

Me dejo llevar por ese momento efímero tan brillante.

Y río. Y lloro.

Siento.

Las posibilidades de que esto perdure en mi memoria son escasas, pero aún así…

Por una vez en la vida, una única vez.

Brillo.

Y luego…

Luego nada.

Holly, rarezas que me dan…