Una foto de mi álbum de recortes. 1ª parte.

 

 

Me he levantado feliz, pero a medida que iban pasando los minutos, me entristecía un poco más. He recordado otro día como el de hoy, uno de esos en los que devoras tabletas de chocolate negro en un santiamén, te vas a la peluquería para que te hagan lo impensable ó te paseas de tienda en tienda parándote en cada aparador por lo menos… media hora. Bueno, pues ese día, pensando en ponerme mi mejor vestido para hacer precisamente eso último, sonó el teléfono. Tuve que buscarlo, ya que desde la última fiesta andaba perdido. Al final lo encontré detrás de unos libros, aunque para entonces ya había dejado de sonar. Eso no tendría la más mínima importancia, si no fuera porque mientras lo buscaba, me topé con un álbum de fotos que creí que ya no tenía.

Normalmente, quiero decir un día normal, lo habría tirado por ahí y olvidado de nuevo. Pero era un día triste, así que empecé a ojearlo. Me apareció ella. Tengo que aclarar que no es el álbum típico en el que sale la familia. Solo tengo recortes de periódicos y revistas donde sale algún artículo interesante, alguna que otra  foto de conocidos y muy escasamente, alguna de amigos. La miré. Había sido una amiga, por así decirlo.

Nos conocimos en una cena. Ella acompañaba a un tipo grandote y poco hablador, claro que eso no importaba, ya que ella suplía esa falta con creces. Jamás, y lo digo en serio, jamás… he conocido a alguien más parlanchín. Me cayó bien en seguida, aunque también supe que no tendríamos una relación demasiado profunda. No aguanto a la gente que no sabe estar callada en según que momentos. Y yo tengo momentos. En fin, su foto me hizo pensar en ella y en lo que habría sido de su vida.

No suelo llamar a la gente, ellos me llaman a mí, pero era un día triste y la llamé .No se puso al teléfono. No es que no quisiera ponerse para hablar conmigo, es que no estaba. Descolgó su madre. Me explicó que ahora vivía en un pueblecito cerca de Milán. “¡Carai! Se ha ido lejos.” Le dije yo. Si, se casó con un granjero. Con la de vinicultores que hay por esa zona y va y se casa con un granjero para cuidar gallinas y niños. Me contó que tenía dos hijos, del marido, no de ella. “¡Encima con niños!¡ Uf!”

La mujer se sentía sola ahora que Sol no estaba. Mi amiga se llama en realidad Soledad, pero ese nombre no queda bien en las fiestas, es un tanto contradictorio ¿no os parece? Sol vivió con su madre hasta que se casó de sopetón y se fue a vivir a Italia. Y por lo visto ahora no se comunicaban demasiado. Antes lo compartían todo, hasta se contaban sus aventuras amorosas.

                                                                                                        (Continuará)

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