Una foto de mi albúm de recortes. 2ª parte

 

Entonces, egoístamente pensé que Sara, la madre, podría arreglarme el día. Y fui a verla. Vivía en la otra punta, así que, entre elegir el vestido adecuado y atravesar la ciudad, tardé casi dos horas en llegar. Me abrió la puerta en bata. ¡Carai! Le daba tiempo a vestirse, sabía que yo iba a llegar. Eso no me desanimó, no obstante. Me hizo pasar a    una habitación absolutamente desprovista  de encanto. En ella solo había un diván y dos butacas minúsculas, todo de un color inconcreto, acompañadas de una mesita muy moderna y muy gris. No había cuadros, no había cortinas, ni ningún otro mueble. Solo una lámpara pendía del techo en un rincón, e iluminaba un cenicero lleno de colillas maquilladas con lipstik rosa. Me acomodé en una de las butaquitas, tarea arto difícil, ya que además de pequeñas eran incómodas. Ella se medio tumbó en el diván y me ofreció un cigarrillo. Pero no fumo, estropea la piel y el cabello, eso sin contar el olor que deja el tabaco impregnado en tu ropa. Acepté una copa de vino blanco, al fin y al cabo, se había hecho la hora del aperitivo. Ella bebía agua Perrier en copa. Era elegante, a su manera, y decadente también, pensé.

Me empezó a contar como Sol conoció a un chico  del norte del país, el cual la llevaba a todo tipo de eventos. Después de tres meses de incansable vida social, decidieron irse de vacaciones en un velero. Sol no quiso dejar sola a su madre por tanto tiempo, ya que no sabían cuando iban a volver, así que la llevaron con ellos. Me contaba todo eso y fumaba los pitillos enlazándolos. El cenicero estaba a rebosar.

Para entonces yo había acabado mi copa  y el vino me había abierto un apetito enorme. El vino y la hora. Sara se ofreció a cocinar para mí. No supe negarme, entre el hambre y la de tiempo sin probar comida casera, pues… Además, la perspectiva de quedarme sin el final de la historia hasta otro día, pudo más que mi incertidumbre por el tipo de comida que una mujer así pudiera preparar.

                                                                                                        (Continuará)      

 

P.D. "Una vegada vàrem somniar que érem estrangers. I veiérem, en despertar, que ens estimàvem l’un a l’altre."         

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