La ventana, 12ª parte.

 

 

Su piso era… es, diferente. La sensación que tuve al entrar fue de calidez y no por que estuviéramos en pleno julio, que también, si no más bien por el ambiente. Difícil de describir, aunque lo intentaré. Llena de colores calidos, sobria pero calida. No estaba abarrotada de cosas, era como si todo lo que tenía, lo hubiera escogido por su excepcionalidad. Había pocos cuadros en las paredes. Eso me gustó. El recibidor estaba pintado en un verde oliva bastante oscuro y solo tenía un perchero de esos de pie, de madera antiguo y una alfombra oscura, grande, que cubría casi todo el suelo. En la pared de enfrente, había un póster gigante de una vista de New Orleáns en tonos marrones. No era en sepia, era a color, pero marrones. A excepción de un hombre tocando el saxo en mitad de la calle. Él vestido de blanco y tocando un saxo dorado. Alucinante.

“¿Cuál es la pregunta?”

“¿Qué?”

Debí parecerle idiota. Pero me había quedado pasmada ante aquel póster. ¡¡Era él!! Tenía que ser él. ¡¡Que pasada!! Más joven. Más guapo aún si cabe… bueno, no. Ahora estaba muy interesante, la verdad. Y conforme descubría cosas de él… me molaba más.

“¿Eres tú?”

“¿Esa es la pregunta? Si.”

Me quedé mirándolo, allí, sumida en mis pensamientos (que no os voy a contar ahora lo que pensé, ya otro día… es que es muy largo), mientras esos ojos se paraban en los míos esperando. Creo que me comía. Si. Noté que me faltaba un pedazo de mi cara. Y de nuevo el color colorado se apoderó de ella. Pero siguió allí, mirándome él también a mí, vete a saber lo que estaría pensando… pero hubiera jurado que no distaban mucho nuestros pensamientos. Esbozó una sonrisa…

“¿Te apetece tomar algo? ¿O tu cena a llenado tu estómago al completo?”

“Me queda un hueco.”

La habitación  en la cual se encontraba su ventana (la suya no estaba en un pasillo) era amplia. De mi casa, cuando la alquilé, lo que más me gustó fue el gran comedor que tenía. Resultado de unir varias habitaciones por el anterior inquilino. Aquí, la distribución era diferente, ya os he explicado que el edificio es antiguo. Los pisos estaban muy compartimentados y todo el mundo se los ha arreglado a su manera. A excepción de la señora Martín, que presume de tener un piso señorial con las amigas. Señorial, si, pero incómodo y poco práctico. En fin, que me fui directa a ella, a la ventana. No se por qué hice eso. Pero lo hice. Y me asomé, estaba abierta. Y luego toqué el pañuelo, suavemente, como acariciándolo. Pienso en ese momento y me imagino la cara de él. Que vergüenza. Cuando me giré seguía mirándome. Ahora me faltaba un pedazo de hombro.

”Estoy bebiendo Bourbon, ¿quieres una copa?”

“Prefiero algo más suave, si no es molestia. Un agua fresquita ya me está bien, gracias.”

Igual quedé mal, pero no es plan de perder facultades y si me ponía a beber Whiski, que es lo que me apetecía, no creo que me ayudara mucho a pensar.

“El agua… ¿la quieres sola o acompañada de algo más?”

“¿Quieres emborracharme por algún motivo en particular?… Sola.”

Desapareció, supongo, en dirección a la cocina. Se reía por el camino. A carcajadas. Empezaba a irritarme esa costumbre de reírse… de mí? O conmigo? Y volvió a aparecer con un vaso y un cuenco lleno de cubitos y limón troceado. Salió de nuevo y trajo una jarra llena de agua fría y unos pañitos a modo de servilletas de color violeta. Lo dejó todo en una mesita redonda y de color negro que quedaba al lado de la ventana.

“Tu misma, sírvete.”

Me senté en una butaca tapizada de twed que había allí mismo. Y me serví. Un vaso lleno de cubitos y agua. Prescindí del limón. Se acercó a la ventana y sin llegar a asomarse pero mirando hacia abajo me preguntó una cosa.

“¿Los has visto?” Viendo que no contestaba, siguió. ”No, ¿verdad? Lo imaginaba.”

“¿Por qué? Quiero decir… ¿por qué imaginas que yo no los he visto?”

“Por que si lo hubieras hecho, no habrías aceptado mi invitación.”

                                                                      

                                                                                                   (Continuará…)

 

 

 

P.D: Cada vez… me gusta más mi vecino… ummmm… 

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Un pensamiento en “La ventana, 12ª parte.

  1. Despues de pasar dos dias sin luz  por lo menos tengo la alegria de leer dos capitulos pero mi querida  Holliday no pierde ese grado de maldad con risitas incluidas,lo cierto es que me gusta mucho esta historia y quien la escribe mas.
    Paso rapido no sea que retorne la oscuridad  en la que vivimos estos dias  los barceloneses,un besazo  para mi Holliday risueña

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