La ventana, 15ª parte.

 

 

Una chica alta y rubia con una melena ondulada y larga, que se parecía sospechosamente mucho al chico rubio, apareció en escena. Llevaba un "qipao"  de seda en color rojo sangre , largo hasta los tobillos, que le quedaba como un guante. Se acercó donde estábamos y Ale se dio media vuelta, dándole la espalda. Cuando llegó a la barra se apoyó en ella, echando el cuerpo un poco hacia delante, como para que solo el chico rubio la oyera, pero lo suficientemente alto para que la oyéramos todos, y le soltó…

“No le sirvas más Bourbon, esta noche no va a necesitarlo. Si quiere, que se lo pague él.”

De cerca era aún más bonita. Tenía la piel blanca, sin broncear, pero aún así alguna pequita surgía a través de su maquillaje. Deduje que debían ser hermanos, el parecido era brutal, solo que ella tenía los ojos verdes.

Siempre me han gustado los ojos verdes y azules. Me he preguntado infinidad de veces por qué yo, no tenía una herencia genética de ese tipo. Claro que con mi pelo negro era difícil que yo saliera con ojos claros. No recuerdo a nadie de mi familia que los tuviera. Creo que yo soy la que los tiene más. Mis ojos son marrones. Marrones como la miel. Cuando me miró sentí un escalofrío. Me taladró. ¿Sabéis cuando alguien te traspasa con la mirada? Bueno, no, más bien te penetra, se adentra buscando todo lo que por ahí pueda encontrar que le sirva para un fin…pues eso.

“¿Tienes frío? Baja el aire Marc.”

Y el chico rubio desapareció de la barra. Supuse que él era Marc. Ella continuaba mirándome, curiosa, descaradamente. Por suerte yo no bajé la mirada, una chica no me amedrenta, por más alta, más rubia y más guapa que sea. Ahora bien, si llega a ser más largo ese momento… Ahora habló con la otra mujer, que había estado observando en silencio y que parecía pasar bastante de la chica rubia.

“¿No deberías estar preparándote? Dile a “Gordo” que el local está lleno, que puede empezar cuando quiera.”

“¿No vas a repensártelo?”

“No tengo que repensarme nada. Vete ya, es tarde.”

La otra se fue, y ella se giró hacia mi vecino, que seguía mirando en otra dirección, apurando su Bourbon. Estuvo un rato así, sin decirle nada. Cuando se dirigió a él, su tono no era de enfado, hablaba como en susurros, arrastrando las palabras. No llegué a entender lo que le dijo. Puso su mano en su espalda suavemente, como una caricia. Quizá debería haberme ido, pero cuando estaba pensando justo eso él se giró y me dijo algo. No recuerdo qué. Solo sé que me vi transportada a otra galaxia. Ese hombre tenía efectos nocivos para mi salud cerebral. Anulaba todos mis reflejos. Recuerdo, eso sí, su sonrisa al esperar mi respuesta. ¿Puede alguien deshacerse por una sonrisa? Si eso fuera posible yo estaría desparramada por el suelo de ese local.

“¿Estás bien? ¿Nos vamos? Ya no tengo nada que hacer aquí.”

Se zafó de la chica igual que la noche anterior lo hizo de la señora Martín. Se dirigió a la puerta de salida sin mirar si yo le seguía o no, igual que al entrar, como si se olvidara que lo acompaño. Eso me puso de mal humor. ¿Me ignoraba? Quizá estaba tan cabreado que lo único que quería era salir de allí cuanto antes, si yo le seguía bien, si no, también. Una vez fuera, se sentó en el bordillo de la acera. Parecía cansado, triste. Me senté a su lado. No es que yo sea la mejor compañía del mundo cuando alguien está triste, no me gusta la tristeza… se me pega en seguida. Me miró y sonrió.

“No me mires así. No soy un tipo raro.”

“No pienso que lo seas.”

No creo que estuviera mirándolo de una forma especial… bueno, si, quizá si. Pero no pensaba que fuera un tipo raro. Y ahora, ¿qué? ¿Íbamos a quedarnos allí sentados? ¿En el bordillo delante del local, del cual me parece, que nos habían echado? Bueno, a mi no, a él. Por que creo que era eso. La jefa era la chica rubia y él el que llegaba tarde. No sé si siempre llegaba tarde o no, pero la jefa parecía muy enfadada en un principio. Luego no. Luego parecía añorada. Como si lo echara de menos. Esa es la sensación que tuve al oírla susurrar en su espalda, como si intentara recuperar algo. Empezó a sonar un piano. El piano de encima del pequeño escenario del local. Después un saxo empezó su lamento y luego una voz profunda de mujer se le unió en su llanto. Lanzó una furtiva mirada a la puerta y se levantó. Me tendió la mano.

“Vamos.”

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                          (Continuará…)

 

 

 

 

 

Anuncios

Un pensamiento en “La ventana, 15ª parte.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: