La ventana, 23ª parte.

 
 
 

Entonces sonó un teléfono. Estaba esperando una llamada de verdad!! O sea que no me había sacado de allí por ningún motivo oculto. Que pena. Ya lo había catalogado como una especie de héroe salvador de Hollys. Descolgó el aparato… Dios!!! El trasto ese parecía sacado de una peli de Bogart! Y contestó sabiendo con quien hablaba de antemano. Se intercambiaron tres o cuatro frases a lo sumo, así que fue una llamada corta. Colgó en seguida. Y me soltó…

“Prepárate para ver el espectáculo.”

¿Qué espectáculo? ¿Habían contratado un circo o algo por el estilo? Me cogió de la mano y me llevó a través de su casa hasta una terraza. No sabía que tuviera terraza. Quedaba situada en parte encima de mi “castillo”. Desde la calle solo se ve la baranda, bastante por encima de mis ventanas, después de un pequeño tejadillo. Hicimos una parada en la cocina y preparó unas bebidas, Bourbon para él, una copa de vino para mí, y de allí salimos a la terraza. Ya os dije que en el último rellano solo había un piso y que la distribución es muy diferente. Joder, Ale!! Que piso más alucinante!!

Se acercó a la baranda de columnitas y se asomó. Yo le seguí. Desde allí teníamos una perspectiva envidiable de toda la calle. Solo la entrada al edificio quedaba escondida por el trozo de tejado que cubría mi casa. Al quedar un poco reculados de la fachada, era difícil vernos desde la calle, sobre todo por que empezaba a oscurecer y en la terraza no había ninguna luz encendida. Mi curiosidad estaba ya desbordada en esos momentos y no sabía por donde empezar a preguntar. Por suerte Ale comenzó a hablar por motu propio, como de costumbre…

“Tengo un amigo policía.”

Vale. Y a mi qué? Iba a venir a unirse a la fiesta? Por que me contaba eso ahora?

“Cuando llegaron, él estaba pasando una mala racha con su mujer y pasaba la noche aquí.”

Estupendo. Su súper piso era una especie de refugio y él era un asistente social. Pero de que puñetas me está hablando? Me va a contar la vida de su colega, ahora? en este preciso instante? Pues que bien. Eso es justo lo que tenía ganas de escuchar. La vida marital del amigo poli de Ale. Fíjate tú.

“No entiendes nada, ¿verdad? Jajajajajaja… Mi amigo los reconoció en seguida. A los vecinos. Tienen un montón de denuncias. Pero nunca pueden detenerlos por que no los pillan… digamos, con las manos en la masa.”

¿Detenerlos? A los vecinos? Por qué? Por ser escuálidos y pálidos? Eso no es un delito, que yo sepa. De que masa habla? Son pasteleros?

“Pero, ¿de qué me estás hablando?”

“Son traficantes.”

Venga ya!!! Y qué trafican, fruta ilegal? cuadros de mal gusto, tal vez?  Pfff!! Ya me estaba rallando.

“Explícate, por favor, Ale. Me vas contando las cosas a cachos y no pillo nada.”

“Ale… Me hace gracia como suena mi nombre cuando lo dices tú.”

“A no, ahora eso no toca. No te salgas de tema.”

“Jajajajajaj… Y ¿Cuál es el tema, según tú?”

Dios!! Siempre me hacía igual. Desde luego el tema no era él, en estos momentos. A mi no me importaría entrar en una disertación larga y extensa de cómo suena la abreviatura de su nombre y no solo eso, si no, su nombre completo, con apellidos y todo saliendo de mi boca. Incluso como sabe su nombre en mi boca. O como me gustaría que supiera su nombre en mi boca. En mi boca, en mis labios, en toda mi cara. Y no sigo pero… lo demás también. Pero no era el caso. Quizá más tarde…

Eran casi las diez. Debí de estar mucho rato pensando todo eso. Para cuando volví a aterrizar en la terraza de Ale, noté que sonaba música. ¿Cuándo había ido a ponerla? No lo había hecho antes, al entrar al piso. Y creo que no se había movido de mi lado en todo el tiempo en el que yo anduve flotando, pensando en el sabor de su nombre. Él también la oyó. Pero no pareció encontrar nada raro que de golpe empezara a sonar Ben Webster. Una pálida luz salió por la puerta de la cocina cuando esta se abrió para dejar paso a un hombre. Acababa de llegar Marc.

                                                                                                                                           (Continuará…) 23

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5 pensamientos en “La ventana, 23ª parte.

  1.  Hola…
    Para David: Sí, te dejo. ¿por qué no iba a dejarte? Aquí todo el mundo puede ser lo que quiera.
                           Un beso.

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  2. Cada vez que entro en tu space a leer me veo en blanco y negro. Me gustaría ser Steve Mc Queen, ¿me dejas?
    Besos desde la España verde del norte.
     

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  3.  
     Apunte:
    Había otro texto donde mencionaba a "una belleza rubia" que entraba en escena, pero no me refería a otra mujer, así que, como se prestaba a equívoco, lo cambié. El que entra es sencillamente Marc. Solo. Y eso tampoco significa que él sea su amigo policia.
    Lo siento Marina, por confundirte con mi mala redacción, pero es que soy muy, pero que muy aficionada, ya lo ves.
    Dicho esto… un beso, Holly…
    Ah! vale, quedamos otra vez.
     
     

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  4. .¿No habia dicho amigo?¿la rubia ya estaba en casa?agggg Hollidayyyyyyyy !!!no vale!!!siempre nos dejas asi con puertas que se abren y……..continuara.Yo creo que trafican con velas y las que no colocan las ponen en su casa para disimular.No sabia que venias a la playa hasta el dia despues,asi que te vuelvo a invitar y quedaremos a mitad de camino de las dos,como no se donde vives ire a Madrid que esta en el centro asi sera mas facil,un beso y no nos dejes en ascuas porfi Marina

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