La ventana, 32ª parte.

 

“Como me digas que me parezco a ella, me muero.”

“Jajajajaja… No!!! Por Dios!!! Jajajajajaja!!!” – Suspiré aliviada – “Pero tú tienes algo especial también.”

“¿Cómo dices?”

“En cuanto te vi ayer, lo supe.”

“¿El qué, supiste?”

“Que era por ti. Fíjate que hasta creí que eras su chica…”

“Eso me dijiste antes y ya te dije que no era así.”

“Quizá tú no sepas que eres su chica, pero creo que él te ha escogido a ti. Y también creo saber porqué, todo guarda relación…”

En ese momento se abrió la puerta de golpe. Joder!! Ahora que por fin alguien hablaba más de dos frases seguidas!! Era la chica rubia, la jefa. Y tenía cara de pocos amigos.

“¿Qué, Lola, no piensas salir? Por que de ser así, te mando a hacer compañía al imbécil de Ale y me busco a otra.”

Ella, Lola, se levantó y se fue a la mesa donde antes se había maquillado. Abrió otro de los cajones y sacó una cajita de metal, en ella rebuscó hasta dar con lo que quería: un par de pendientes de plata y azabache en forma de lágrima. Luego salió de la habitación esquivando a la jefa. Desapareció por el pasillo rojo.

Bueno, Y ahora, ¿qué? Me había quedado allí, sentada en el sofá y a medias. La jefa me miraba examinándome, sin ningún tipo de pudor. Y yo hacía lo mismo, no iba a ser menos. Hoy vestía una camisa de hombre, negra a rallas grises, un pantalón gris oscuro de corte ancho con mucha caída y zapatos de tacón negros. La camisa le quedaba un poco grande, llevaba dobladas las mangas por encima de las muñecas y se la ajustaba a la cintura con una corbata de seda gris que le daba mil vueltas. Llevaba el pelo recogido y algún mechón se le escapaba de la nuca y por la frente, cayéndole en la cara. Era bellísima, pero fría. Parecía de hielo.

“Otra vez aquí… No está.”

Vaya, otra que cree que vengo buscándolo. Su voz sonó metálica, le pegaba la verdad. Como yo no decía nada y no me levanté, ella se acercó a mí. Pero no se sentó, permaneció de pie, mirándome. De pronto empezó a reír. No sabía si ofenderme por si se reía de mí o reírme yo también de ella. Paró, se cruzó de brazos enfrente de mí y me dijo en un tono amable…

“Bien, ya que estas aquí, disfrutemos de la música. Acompáñame.” – Se dirigió hacia la puerta, al llegar a ella se giró – “¿No vienes? 

Yo aún me lo estaba pensando, no sé por qué ahora se mostraba tan simpática, si dos segundos antes se estaba partiendo de risa a mi costa. Volvió a insistir…

“Yo de ti, vendría. Si quieres saber. Por que imagino que estas aquí por eso, verdad?… Vamos, te invito a una copa” – Y salió.

Si quiero saber. Ahora todos quieren contarme cosas. No me apetecía nada hablar con ella, pero si mis suposiciones eran ciertas, esa chica tenía ó había tenido algo con él. Y mi curiosidad enfermiza por todo lo concerniente a Ale, me hizo mover el culo de aquel sofá y seguirla por el pasillo rojo hasta la barra. Nos sentamos en una esquina, la más alejada del escenario. Cuando salí, el “Gordo”, estaba al piano y Lola esperaba que él le diera el paso para empezar a cantar. No había saxo ni batería, solo ellos dos.

En la barra, como era de esperar, no estaba Marc. En su lugar había otro chico moreno y la pelirroja de ayer. La chica se acercó.

“Hola. ¿Lo de siempre para ti, Ane?” – Le dijo en un tono alegre.

“Si, Frida, por favor. A ella le sirves un Borgoña…”

“No. Mejor un  “Black Russian”. Gracias.” – La chica se alejó.

“¿Crees que lo vas a necesitar?”

“No, no lo creo. ¿Tú si lo crees?”

“Depende.”

No me miraba a la cara, se aupó en el taburete y metió la mano por debajo de la barra, sacando un paquete de tabaco rubio sin empezar.

“¿Te molesta si fumo? Aunque aquí, como puedes ver, ya está lleno de humo…”

“No, no me importa. Mientras no me eches el humo a la cara ó apagues el cigarrillo en mi copa, por mi puedes seguir suicidándote poco a poco todo lo que quieras.”

Entonces se giró a mirarme sorprendida. Dejó el paquete a un lado aún sin abrir. La pelirroja, Frida, Trajo mi coctel y un vaso ancho de wisky  con hielo. Mientras estuvo Frida, ella apartó su mirada de nuevo, siguiendo a la chica en sus movimientos. Cuando se volvió a alejar, ella se giró a mirarme, muy seria.

“¿Qué sabes?”

“Jajajajajajajajaja…” 

No pude evitarlo, era destornillante. No sé nada, nada de nada. Ella me miraba atónita, jajajajaja, pero si se lo digo… ¿se lo creerá o le pasará lo que a Lola? Jajajajaja, decidí decírselo. Cuando le dije que solo sabía lo que me había dicho Lola, que era viudo, me preguntó…

“Y, ¿qué más?”

“¿Qué mas? ¿Qué más hay que saber? Si cuando ella…” – señalé con un gesto a Lola – “…iba a explicarme más llegaste tú y la echaste fuera!!”

“No sabes nada de Laura…” – cogió su vaso y se mojó los labios –“¿Cuánto hace que estás con él?”

Y dale. Pero porqué todo el mundo piensa que estoy con él? Si solo me han visto una noche acompañándolo y encima por poco espacio de tiempo!!

“¿Por qué supones que estoy con él?”

“Llegaste con él y te fuiste con él… y te llamó pequeña… Holly.”

“Sí. Ese es mi nombre, Holly. ¿Qué tiene de particular que me llame por mi nombre?”

“Nada. Lo particular… es el “pequeña”.”

                                                                                                             Continuará….
 
 
P.D.  De acuerdo… Sígueme.    GRITO La razón? Sentimientos.
                  JUGAR… VERDAD… SABER… Difícil, quieres que te lo pida? Ahí lo tienes, "¿por qué?"
                               Está bien… sin reglas.     Ahora… tu mueves. 
                                                          Te espero… ya lo sabes.
           
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2 pensamientos en “La ventana, 32ª parte.

  1. Uf, Kram… cómo me suena todo eso que has dicho aquí… Adivinas por qué??
     
    A menudo no sirve de nada romperse la cabeza por algo, casi siempre la respuesta es todo lo contrario de lo que te imaginas…

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  2. Todo el mundo sabe de Alexander menos Holly,me gusta Lola,algun dia te dire…… ese nombre me trae bellos recuerdos.Anne se hace de rogar y creo que odia un poco a Holly por el interes que despierta en Ale,por ser especial.
    Referente a la foto del socorrista,estuve apunto de hacersela pero¿ que le digo si me pilla?Tienes razon lo de la edad no cuela, si me ve me entierro en la arena como un cangrejo,menos mal que pertenezco a la especie invisible de" mujer mayor de 40"un dia escribire sobre esa "especie".Que cunda lo de los besos,podriamos hacer como el personaje que daba abrazos gratis,yo recibi uno y la verdad me gusto.
    Mira en mi albun de fotos y dime si me acerco en mi vision de los personajes de La Ventana.Besos para ti y todos los que aguantes.Marina

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