La ventana, 43ª parte. (Principios y finales)

 

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María…

María dormía placidamente en su cama cuando el sonido constante del teléfono la despertó. Se extrañó de que su madre no lo cogiera. Miró el reloj-despertador de encima de su mesita. Las 5 de la madrugada. Se levantó y fue al comedor, allí descolgó el aparato. Una voz familiar le dijo que no se moviera de casa, que irían a buscarla. Colgó. Se metió en la cama. No había entendido nada. No conseguía conciliar el sueño, así que se levantó de nuevo y fue a la habitación de su madre. Abrió la puerta pero ella no estaba allí, la cama estaba intacta. Se echó encima de las sábanas, que olían a limpio. Lola las había cambiado por la mañana, ya que la noche de antes Sonia, la vecina, había dormido allí. Se durmió al fin, oliendo a sábanas limpias, le gustaba ese olor. A la media hora exacta, el timbre la volvió a despertar, esta vez, de un sueño inquieto. Se levantó a abrir la puerta dispuesta a echar bronca a su madre por olvidar las llaves y llegar tan tarde… sin avisar.

Su cerebro hizo el “clic” de conexión al ver a Luís parado en la puerta y relacionarlo con la voz en el teléfono.

Fue a la habitación, se metió en sus tejanos y se puso unas zapatillas de deporte. Cogió sus llaves y una mochila pequeña que la acompañaba a todas partes. Salió de la casa sin decir nada. No preguntó. Bajó la escalera y subió al coche que les esperaba. Luís hablaba pero ella no entendía nada. Sus oídos se habían bloqueado, no quería escuchar. Llegaron al hospital pero no fueron a una habitación. Marc estaba de pie, en el pasillo, esperándolos.

Ese chico siempre le había parecido guapo, pero no le gustaba para su madre. No entendía por que ella se había enamorado de él.

Marc le contó lo ocurrido. Intentó ser lo más dulce posible, incluso la abrazó. Pero ella solo pensaba en ver a su madre, tenía tantas cosas que decirle…

Que cantaba a escondidas de ella y que había decidido estudiar canto en el conservatorio. Que Conrad volvía a Londres la semana próxima. Que el lunes siguiente empezaba a trabajar en una cafetería. Que su mejor amiga, Susana, se marchaba de “Au-pair” a Detroit en Septiembre. Que le había dicho a Alexander que no le importaría que ellos dos se liaran, “perdón mama”. Que… era la mejor madre del mundo, a pesar de no ser nada estricta o por eso. Y que la quería mucho. Un montón.

 

Y Marc

Cuando llegaron al hospital, los enfermeros bajaron a Lola y la llevaron al depósito. Eso no era lo acordado. Habló con la enfermera de administración, pero ella no sabía nada. Tuvo que llamar a muchas puertas y hablar con Luís varias veces. Pero al fin consiguió que Lola estuviera en una sala a parte. Ahora le quedaba lo peor, que no era hablar con María, precisamente. Si no, aceptar que ya no vería a Lola, jamás. Que no volvería a escucharla en el local. Y lo peor de todo, aceptar que se había equivocado al no amarla… antes. O no darse cuenta antes de que la amaba.

Cuando María llegó tan entera no supo como hablarle. Él había imaginado una niña hecha lágrimas, pero no era así. Se parecía a su madre. Intentó ser lo más delicado que pudo, suavizarle el impacto de verla  muerta en una camilla. Cuando la abrazó, ella a penas si levantó un brazo. Quería ver a su madre. La acompañó, pero luego las dejó solas.

Se sentó fuera, estaba triste y sin saber como, empezó a llorar. No podía parar. Quizá sí que debería haber venido Ale, él tenía mejor relación con María. Pero Ale no estaba bien. ¿Qué estaría haciendo? Beber. No debería haberlo dejado allí. Se acordó de Holly. Y se alegró de no haber continuado besándola. Aunque… le gustaba ella. Si Ale y… si no llegaban a nada, entonces, quizás… Desde luego, no iba a desperdiciar nunca más la oportunidad de amar a alguien.

Cuando María salió de la sala, él aún lloraba. La niña lo abrazó, consolándolo. Era curioso, ella no lloraba. Se sintió bien, reconfortado con su abrazo. Ella se sentó a su lado cuando él dejó de sacudirse con los sollozos. Buscó en su minúscula mochila y le ofreció un pañuelo. Era extraña, María. Él lo tomó. No entendía por qué ella no lloraba, se trataba de su madre. Una vez que hubo secado sus lágrimas le preguntó si necesitaba algo, si quería un vaso de leche o algo así. Pero ella no quería leche. “Un café mejor. Te traigo uno, espera aquí.” Y ella se fue a la máquina a por dos cafés. Sí. Era extraña María. Pero una buena chica.

                                                                                                                                                                       Continuará…..

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8 pensamientos en “La ventana, 43ª parte. (Principios y finales)

  1. Toni… Pues no se yo si Holly de mami… Bueno, ya mañana me dices lo que te parece mi final. Y no te digo nada más, que ya te he dejado coment en tu blog. Por cierto… buenísimo Adderley. Y como era eso que hacias con la cabeza? es que me ha gustado, jajajaja… Se te puede besuquear normal o hay que hacerlo en maño a la fuerza? Ala, en maño pues, besicos. Jo, no me gusta nada, queda… pequeño!!! No sé, no mola. Un beso de Gulliver en el pais de Liliput, me gusta más.
    Séfora… Que emoción y te me echas a llorar? Jolines… espero que ya estés recuperada y nos hagas entrada nueva, jijij, ya te estoy poniendo deberes… Un beso guapetonaaa!!!

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  2. ay que emoción todos vuestros mensajitos de ánimo, snif. lo malo y lo bueno de estar trabajando en un hospital es que, entre tantas enfermedades graves un dolorcillo de espalda no parece nada, jeje.
    un beso

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  3. me ha gustado mucho a pesar de lo triste que ha sido. me imagino a marc, holly y maria formando una familia poco usual… no? un besico. toni luego vuelvo.
     

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  4. Sí, queda poquito, así como el último capítulo, nada más…
    El jueves lo cuelgo, daremos tiempo a todos a leer estos últimos, vale?
    Kram… Síiiii, era eso, jopetas!!!! Jajajajaj, me encanta cuando dices eso. En fin, un beso, Kalamar!
    Shibumi… Hola, siempre se hecha de menos un comentario, sea de quien sea… pero los tuyos son un lujo, por que son escasos, como los de Caín, (hola Caín, un beso). Bien venido de nuevo… Otro beso para ti.
    Marina… A mi también me da pena que se acabe la ventana, que te crees. La hecharé de menos. Pero… ya habrá otras historias, no? Cuando empecé esta, nunca imaginé que sería tan larga y que tendría tantos adeptos, fíjate. Claro que ninguna otra será como esta. Las primeras cosas siempre son las que mejores recuerdos dejan… Un beso, hoy con olor a manzana recubierta de caramelo rojo, mmmmmm….

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  5. Este capitulo es impecable,muy bien ,pero me da penita por Lola y por que se terminara pronto la Ventana,por cierto lo que vi fue el orfanato,no horfanato como puse ayer,tanto hablar de mi y se me fue la h ,mi curiosidad de siempre se pregunta que escribiras despues si es que decides seguir haciendolo,mi cafe diario sabe mejor con tu historia y la tertulia posterior con los personajes que como yo te leemos.Si mi relacion es dulce,amarga,salada incluso tiene un toque agrio,pero asi es la vida,todo dulce seria para aggg que asco.
    Un besazo escritora y piensa que en tus manos esta mi cafe mañanero jajajajaj.Marina.
    PD Si el hijo de p….tiene cara de bueno pero es un maldito asesino torturador,menuda carrera la del tal Rafita y compañia

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  6.  
    Hola. Vuelvo a estar activo de nuevo. No es pedantería (por supuesto), pero resulta extraño el presentir cuando se le ha hechado de menos a alguien a quien no se le conoce en absoluto.
     
    Dos cosas: un saludo, y un beso.
     

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