La cara de arriba, (This side up) III

 

 

III

 

Eva estaba rara, no sabía muy bien porqué. Volvía a casa a la misma hora de siempre, pero no se paró en la panadería. Subió a casa y descolgó el teléfono, marcó un número de una lista que había en un papel y que había sacado de un cajón de la cómoda que tenían en el pasillo. Pidió comida al restaurante Hindú y luego se metió bajo el agua caliente, muy caliente, de la ducha. Cuando salió, no le apeteció ponerse a recoger la cocina, así que se arropó en el albornoz y salió a la terraza. Hacía frío y ya casi no había luz. El sol se ponía cada día por el mismo lugar, pero ella no tenía nunca tiempo de verlo. El jazmín estaba casi seco, se estaba muriendo de sed, el pobre no tenía boca para pedir auxilio, para pedir un poco de agua por compasión. De todas formas no tardaría mucho en morir de frío, llegaba el invierno y no quedaría ni una sola planta en la terraza. Todas las primaveras, compraba plantas de temporada, sin saber muy bien porqué. Ese año, a demás, había comprado el jazmín. Fue agradable oler su perfume los atardeceres del verano, desde el comedor. Pero ahora se moría. Entró en la cocina y llenó un vaso de agua, volvió a salir y lo regó. Repitió la operación un par de veces más, estaba sequito. Rafa llegó y al entrar al comedor la vio fuera, sentada en el suelo al lado del macetón, pero no hizo caso. Dejó el maletín del portátil encima de la mesa y el abrigo en una silla, como siempre.  Fue a por la cerveza que Eva metía en el congelador poco antes de que él llegara, junto a una copa. No las encontró. Fue al coger una copa del armario cuando se dio cuenta que la cocina estaba patas arriba. Entonces salió al comedor y asomándose a la puerta de la terraza, le preguntó:

– ¿Ha pasado algo en la oficina?

– No.

Eva no se movió. No se giró a mirarlo si quiera. Sí, estaba rara y no sabía porqué.

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Había veces en que las pensiones no estaban mal del todo. Eran como la propia casa, como vivir en familia. Pero no siempre le gustaba eso, porque le traía recuerdos. Aunque esta vez no era el caso. El dueño era un viejo que fumaba puros y estaba sordo como una tapia. Miraba la tele a todo volumen hasta las cuatro de la madrugada, hora en que algún inquilino entraba en sus habitaciones y la apagaba, ya que él se había quedado dormido con una copita de anís entre las manos. Por suerte, cuando llegó, solo quedaba libre la última habitación al final del pasillo, a la otra punta de las del viejo. Compartía baño con la chica de la habitación de al lado, que, aunque intentaba que nadie lo adivinara, era puta y hacía servir la habitación a parte de para dormir, para trabajar. Patri, que así se llamaba la chica, era simpática y cuando no tenía “novio”, charlaban hasta las tantas. Ella leía filosofía. Eso lo había tenido despistado al principio. Cuando llegó, creyó que era estudiante y que de verdad, los tipos que entraban y salían, eran algún novio o compañeros de estudios.  Pero una noche ella se lo dijo, así, sin más. Le dijo: “Soy puta.” Y él le contestó: “Me alegro.” E inmediatamente: “Quiero decir, que no me alegro.” A lo cual ella estuvo riéndose diez minutos largos, sin parar. Después ella, le ofreció sus servicios. Estuvo tentado de aceptarlos, la chica era guapa, pero prefirió tener una compañera de pensión con quien hablar, que una con quien follar. A lo cual ella estuvo secándose las lágrimas toda la noche.

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No había sido un mal día, al final. No había podido darle una vuelta a los quesos, pero ya lo haría mañana. Brisa había insistido en ir a la plaza de la iglesia a saltar en los charcos que se hacían entre las grandes losas del suelo y ella había cedido. La niña estuvo saltando casi una hora sin importarle la lluvia, mientras ella tomaba un café en el bar del pueblo y la observaba detrás de los cristales. Las viejas pasaban escandalizadas por delante de ellos negando con la cabeza, pensando que la niña se estaba echando a perder viviendo con ella. Pero le daba igual. Ahora ya todo le daba igual. Había aprendido a ignorar las habladurías de las mujeres del pueblo. Pepe salía de la sacristía y vio a Brisa saltando en la plaza y supo que Lucía no andaría muy lejos. La vio mirarlo a través de los cristales del bar de Paco. Atravesó la plaza y al pasar junto a la niña, saltó con ella a un charco. Se mojó los bajos de los pantalones y Brisa se rió mucho. Entró en el café y saludó a Paco, que echaba leña al hogar. Se sentó en la misma mesa que Lucía y esperó a que Paco acabara para pedir un café él también. Lucía le explicó que se había dormido y que la niña no había cogido el autobús para el colegio, que habían ido a ver a Eusebio, que el camino estaba peor que la última vez que llovió y que Catalina, la madre de Flora, se encontraba mejor, ya que la estaba ayudando a hacer galletas. Pepe le contó que la diócesis había denegado la subvención, así que tendrían que aguantar otro año con el mismo equipo de calefacción, que las mujeres viudas del pueblo habían donado un mantón nuevo para la virgen del pesebre y que le habían prometido bordar un mantel para el altar, antes de la misa del gallo. Luego Lucía se despidió de ellos y salió a por la niña. Era hora de volver a casa, ya empezaba a hacer frío y no quería que Brisa acabara con un resfriado, si no lo había pillado ya.

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Le gustaba saltar en la plaza de la iglesia. El agua de los charcos allí, era limpia. Ella siempre llegaba con las botas llenas de barro y, saltando de losa en losa, acababan limpitas, brillantes de agua de lluvia. Se imaginaba que eran las botas de un hada mágica, que podían viajar por el cielo de estrella en estrella. Los días así, no dejaba de pensar en su mejor amiga Susana. En el colegio, cuando llovía, ella le dejaba a ratos su chubasquero rojo a Susana y Susana le dejaba a ella su paraguas transparente con dibujitos de una niña vestida de rosa. Se lo pasaba bien dándole vueltas y vueltas al paraguas y mirando a través de él las gotas de lluvia que salían despedidas en todas direcciones. Susana también se lo pasaba bomba bailando bajo la lluvia sin mojarse gracias a su chubasquero rojo. Pepe apareció a su lado y saltó con ella. Se mojó todos los pantalones, lo hizo adrede. Ella lo sabía, pero le daba igual, se reía lo mismo. Pepe era simpático y le gustaba poner música por la radio. Lucía salió muy pronto, lástima. Empezaba a oscurecer y se verían las estrellas reflejadas en los charcos, pero se irían a casa antes de eso. Al llegar, Lucía le quitó toda la ropa y la bañó con agua muy caliente, casi le hacía daño de tan caliente que estaba. Pero ella no dijo nada, le gustaba. Esa noche durmió bien. Ni se acordó de que al día siguiente había cole.

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7 pensamientos en “La cara de arriba, (This side up) III

  1. Una maravilla el café de hoy,me gusta mucho la nueva historia o historias,solo que tendré que releer mas amenudo,mi desmemoria es una lata pero no me importa releer,merece la pena.Hay situaciones en este nuevo relato muy vivas para mi,ver jugar a tu hija y recordar cuando yo lo hacia .No importarte lo que piense la gente,me gusta Lucia.Eva promete,no te digo nada mas hoy para no agobiarte.Solo me queda decirte que estoy muy contenta de volverte a ver por estos mundos que dicen virtuales pero que para mi son reales.Marina
    PD voy a ver a Toni ex-Ismael,!!uffff!!por poco no lo recuperamos,besos a capazos para todos y Kram vuelve a ser un chico revoltoso,cambiando el espacio cada hora,solo falta Caín ,pues tenemos incluso al chico florero ,como dice Sephora,no me enrollo mas 

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  2. ha sido ver esa carita de pan y abandonar la zarza ardiendo, la secta y el puñetero desierto! que por cierto, eso no lo dicen, pero acabas de arena hasta en los **********, me afeito esta barba de mesias y luego vuelvo a leer la continuacion. me alegro de tu vuelta, espero que te quedes mas tiempo… porque si marchas creo que acabare con los Creacionistas de Texas… y esos no te dejan marchar luego (con lo que se gastan en tunicas blancas ya me diras…) un herculeo beso, estas bien no?
    pd: Marina!!! tambien te deje una cansion en mi rgincon.
    http://cafedelartenburgo.blogspot.com/
    Toni

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  3. Ahora no tengo tiempo pero después vuelvo a leerte ,pero quería dejarte un beso de bienvenida ,para que sepas que te quiero y te encontraba a faltar ,Kram por esta vez tiene razón jajajaj.Falta Toni que a lo mejor o peor  esta en el desierto predicando!!!!Ismael vuelve a casa!!!!!un abrazo para todos.Marina

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