La cara de arriba (This side up) XX

 

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XX

 

EVA

 

Le había dicho a Rafa que asistiría a un curso de contabilidad financiera pagado por la empresa y que llegaría un par de horas más tarde. Cuando saliera del médico iría a verlo a la pensión. Estaba nerviosa, por que lo vería de nuevo de esa otra forma tan íntima, tan intensa y que le gustaba tanto… y por que el doctor había decidido hacerle una analítica. No la había dejado marchar: “Enseguida lo veremos y saldremos de dudas.” Dudas. Eso sería lo que tendría a partir de entonces y si lo hubiera sabido no habría pedido hora para el médico. Por lo menos hubiera tenido más tiempo. Tiempo para estar juntos, para amarse, para embeberse mutuamente, explorarse con las manos y con los ojos, con la boca, con su piel tocando la de él. Ahora ya no sabía que era lo que tenía que hacer. Bueno, sí lo sabía. Volvería a casa y se lo diría a Rafa, no creyó jamás que llegara ese momento. Y precisamente ahora que era feliz de ese otro modo, de esa forma inesperada e inexplicable, entonces la vida iba y se burlaba de ella. Se lo merecía, creía que se merecía todo lo que le pasaba, lo bueno y lo no tan bueno. En el fondo, todo era la misma cosa. En todos los sentidos. No quería ir a verlo, pero… una última vez.

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GOYO

 

Estuvo esperándola más de lo imaginado, y cuando ya creía que no volvería, apareció. Temblaba y se le abrazó con tanta fuerza, que casi caen los dos al suelo. No le hubiera importado, la hubiera amado igual en la alfombra. Luego la acarició, la besaba en los brazos y ella le sujetó la cara entre sus manos: “Eres tan bello” Y él no atinó más que a reír, lanzó una carcajada y la besó. Mil veces la besó. Mil y mil veces más lo besó ella a él. E hicieron el amor como si el final de cada uno de ellos fuera el otro, donde terminaba una piel empezaba la otra en total continuidad. No existió un milímetro de cuerpo que se resistiera a la atracción que ejercía el cuerpo del otro, por que así era la única manera de ser de los dos en aquella habitación, donde las horas eran segundos en la arena de un reloj. Se hizo tan tarde que ya no había trenes para volver a casa ni a ningún lugar y él se alegró de que no hubiera vuelta a casa. Y la noche transcurrió en su boca y en sus ojos, memorizándose en los labios y en la retina. Soñó despierto que sería feliz si ella se quedaba para siempre, sorprendentemente esa rutina lo atraía. Y se lo dijo: “Quédate.” Las lágrimas de ella lo desconcertaron, pensó que tal vez no lo esperaba, y era cierto, ella no lo esperaba, pero que quería, una mujer no puede entrar en la vida de un hombre de esa manera y pretender que él no la ame de la forma en que la amaba. Así que se lo dijo de nuevo: “Por favor, quédate.” Y ella lo beso con un beso que a él le supo a vida.  A ella no, a ella le supo a despedida.

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LUCÍA

 

Habían pasado la Navidad haciendo paquetes y veía a Brisa algo decepcionada. No era fácil para la niña, por más que había intentado “pintárselo” todo de muy buen color. En un principio, pareció comprender, incluso llegó a creer que la idea de mudarse a una ciudad la atraía. Pero a medida que se acercaba la fecha de irse de la casa, se daba cuenta de que no era así. Y lo peor de todo era que se le había sumado una profunda decepción después del día de Reyes. Un día la encontró llorando escondida entre las cajas repletas de objetos, con el perro tendido a sus pies: “¿Qué tienes? Sabes que no es bueno esconderse para llorar, tienes que decirme lo que te pasa si quieres que te ayude.” Pero Brisa dijo que eso no era cierto, porque la había visto haciendo eso mismo a ella y lo que es bueno para uno lo es para todos. Cuando Brisa razonaba no había manera de oponerse, sobre todo porque llevaba razón. También a ella le costaba dejar todo aquello, más de lo debido. En aquella casa habían muchos recuerdos, demasiados, y no todos eran suyos. Ella había recogido la parte que le correspondía, ahora los demás deberían hacerse cargo de la que les tocaba a ellos.

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BRISA

 

No era justo. Pero no decía nada. Ya nunca jamás volvería a escribir una carta a los Reyes Magos. Ni a los Reyes ni a nadie. Lucía tenía razón, era mejor pedir cosas que se pueden tocar, pero tocar de una forma distinta de cómo se tocan las personas. Tampoco era justo irse del pueblo y de la casa. Pero tampoco decía nada. Ella sabía que Lucía lo estaba pasando mal, tanto como ella. Pero no era justo, no, no lo era. Claro que ahora tendría un colegio más grande y otros amigos nuevos, pero eso no le gustaba, ella ya tenía a Susana, su mejor amiga. También tendría un piso en una ciudad y vería como son los edificios tan altos como gigantes. Quien sabe, tal vez desde allí si que se ve la casa de ese señor Dios que vive en el cielo. Estaba enfadada con él, por que seguro que todo esto era cosa suya. No sabía con exactitud que era lo que habían hecho mal Lucía y ella, pero las había castigado. No era justo. Por más que las mujeres del pueblo dijeran que ese señor lo fuera, no era verdad. Y Pepe no podía hacer nada, ella lo sabía porque se lo había preguntado un día entre lágrimas: “¿Puedes convencer a Lucía o hablar con Dios y convencerlo a él de que nos portaremos bien?” Y no le contestó porque él también tenía los ojos llenos de lágrimas. Y encima los Reyes no le traían lo que más le hubiera gustado, que viniera su padre. Si se lo hubieran traído, nada de esto estaría pasando. No era justo. Para nada.

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Espero que os guste… tanto como a mi.

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6 pensamientos en “La cara de arriba (This side up) XX

  1. Te avise que no olieras las amapolas jajajaj me ves con tipazo ,es por no hacerme caso.Un besazo para mi escritora favorita.Marina

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  2. Hola !!parece que los marcianos me han dejado un momento el adsl ,así que aprovecho…..este capitulo es muy intenso y has conseguido ponerme la piel de gallina.Eva esta decidida a volver a casa pero se muere por sentir a Goyo,esa sensacion cuando las pieles se encuentran y se gustan…..pero¿ la analítica manda? y él deseando que se quede umm…..
    Con Brisa me has recordado una historia,una niña de 10 años que no lo pedía a los Reyes pero durante años buscaba a su padre,le decían que había muerto pero ella no podía creerlo y le daba un brinco el corazón cuando veía un pelo ,un bigotito,unos ojos o unas simples gafas como las de su papa,por un segundo creía que lo había encontrado pero no……se enfado como Brisa con el Dios justo y continua enfadada,ahora ya sabes por que lloraba al irme de mi casa y por que no podia estar en la ciudad,en el fondo,aunque habían pasado unos años, seguía pensando que un dia volvería y tenia que estar para recibirlo……..Bueno no quiero terminar mi comentario así,¿Te ha gustado la amapola?solo había un ramillete pero en una semana estarán los campos llenos asi que ya sabes ,en cuanto Toni se recupere lo llavamos a retozar jajajajajUn besazo Holliday preciosa mia.Marina
    PD.parece que los marcianos me han dado vidilla para leerte jajajajaj

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  3. Llego desde mi Torre de Marfil, esa donde nacen las letras de Fantasía, y con tu permiso volveré para leer esto desde el principio…pues promete…aparte del gusto por Audrey..
     
    SaLuDoS MiL

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