La cara de arriba (Down) II

 

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II

 

L- He hablado con mi madre, nos esperará al mediodía en la estación. ¿Has localizado a tu hermana?

G- No. Pero no importa.

L- ¿No vas a despedirte de ella? Aunque sea por teléfono.

G- No. ¿Para qué?

Lucía miraba a Gabriela, siempre le sorprendía la cara de indiferencia con que decía esas cosas, parecía no importarle de verdad, aunque ella sabía que no era así.

L-Te envidio.

Gabriela la miró atónita, confusa. ¿Ella la envidiaba? No entendió como Lucía podía decirle eso a ella.

G- ¿El qué? ¿Qué sea más guapa que tú? – Bromeó.

L- Puedes hacer lo que quieras sin tener que dar cuentas a nadie. Y sí, eres más guapa que yo.

G- No me seas gilipollas. Si no fuera porque nos conocemos, diría que te ríes de mí.

Lucía estaba seria y la miraba sin pestañear. De golpe soltó una carcajada y cogió por el brazo a su mejor amiga.

L- Anda, vamos a buscar a Tere, que esta, conociéndola, seguro que está despidiéndose de media facultad.

 

≈≈≈≈≈

 

Resultaba irónico que Lucía envidiara a Gabriela cuando ella era perfecta. Por lo menos a los ojos de Gabriela, que perdió a su madre al nacer ella. La mujer se quedó embarazada a los cuarenta y tres años, cuando ya no lo esperaba, y murió en el parto. Su padre jamás se lo perdonó, o así lo creía ella. Tenía una hermana, Eva, once años mayor, que le hizo de madre más que de hermana. Así que no se podía decir que tuviera demasiadas cosas a envidiar. Incluso el hecho de llamarse Gabriela era detestable. Su madre, durante todo el embarazo, estuvo convencida de que ella era un niño, ese niño tan esperado, y quería que se llamara Gabriel, como el arcángel. Porque quedarse embarazada después de tanto tiempo de buscarlo era un milagro, no podía ser otra cosa.  Así que hasta eso lo había hecho mal. Se llevó a su madre al otro barrio y encima, era niña. Pero su padre le puso el nombre igual, porque era el que quería su madre. Ella sí que envidiaba a Lucía, tenía una madre joven, Mercedes, que intentaba apoyarla en sus decisiones y comprenderla. En cambio su hermana, mucho más joven que Mercedes, era una carca a su parecer. Aunque no la culpaba, tampoco lo había tenido muy fácil. Cuidar de un bebé siendo aún una niña de solo once años, a demás de tener que aguantar a un padre deprimido por la muerte de tu madre y que se escondía para beber, no era sencillo. Y todo eso, dentro del entorno encorsetado, arcaico, rancio y apolillado de un pueblo de interior. No, tampoco era nada envidiable. En cambio Lucía era como un soplo de aire fresco, incluso allí, en aquel pueblo. Siempre reía y era feliz con cualquier cosa. Ya de niña, atraía a todo el mundo a su alrededor con alguna ocurrencia o simplemente, con su forma tan graciosa de andar. La gente se quedaba mirándola pasar, con su pelo rojo oscuro, casi, casi granate. Y no tenía pecas. Y ella, que podría haber heredado el color de pelo de su madre, rojo dorado, lo tenía castaño. Y si tenía pecas. Irónico o más que eso. Era una burla de la vida, que además, las había hecho vecinas.

 

≈≈≈≈≈

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2 pensamientos en “La cara de arriba (Down) II

  1. Hola, corazón…
    Sí, sé que eres tú, pero mola que lo pongas.
    Me gusta que te guste Gabriela.
    Un beso indignado, ya sabes porqué.

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  2. Hola escritora!!Me gusta Gabriela y este paso al pasado,asi puedo conocer mas a Lucia y su mundo,me quedo mas tranquila sabiendo que mi neurona esta bien.
    Un beso muy fuerte Holliday.Marina(No se por que pongo mi nombre,creo que ya sabes que soy yo jiji)

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