La cara de arriba (Down) XXI*

 

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"All your insides fall to pieces…  It’s the best thing that you ever, ever had. The best thing you have had has gone away."

 

XXI*

 

Lucía iba pegada a la espalda de Gregorio, lo abrazaba por debajo de su ropa, sus manos en contacto con su piel tibia y bronceada. Conducía despacio para estar más tiempo en aquella situación, con ella a su espalda, acariciándolo. Estaban llegando al pueblo y paró antes de una curva, se giró un poco en la moto, hasta que Lucía y él estuvieron cara a cara.

Gr – Tengo que pedirte una cosa.

L – ¿Otra?

Gr – Sé que es un tanto extraño pero… cuando entremos al pueblo, espera a que yo hable con Marcelo, luego…Te lo explicaré todo después, me harás ese favor, ¿verdad? ¿Lo harás?  – Tenía su boca tan cerca que la besó de nuevo.

L – Me lo explicarás… ¿Eres raro, lo sabias? Pero me gustas igual. – El la besó. Cada vez que lo hacía una corriente eléctrica recorría todo su cuerpo, creía que era como morir y resucitar y volver a morir, todo a la vez, si eso fuera posible, claro.

Entraron en el pueblo y Gregorio aparcó su moto en una callejuela, antes de llegar a la plaza. La besó de nuevo y luego se separó de ella, echó a caminar deprisa buscando a Marcelo, lo vio sentado a una mesa en el bar de Paco, con Sergio, Teresa y Gabriela. Lucía había llegado caminando tranquilamente y vio como Gregorio se sentaba con ellos. Gabriela le preguntaba algo y él le señaló en su dirección. Ella se sonrió y se levantó, ya a su lado le dio un beso en la mejilla.

L – ¡Cualquiera diría que no me ves en un año!

G – ¿Qué tal… el paseo?

L – Bien… ¿por qué?  Vamos a tomar algo, tengo sed.

G – Vale, pero me cuentas todo… lo que viste.

L – ¿Te pasa algo? Estás rarísima, en serio. – Las dos amigas se echaron a reír y entraron en el bar, pasaron al lado de la mesa y Sergio y Teresa se les unieron. Marcelo y Gregorio se quedaron solos.

M – Has tardado mucho, ¿no? No sabía que para llegar hasta el pueblo en moto hubiera que dar ese rodeo.

Gr – Hemos dado un paseo y…

M – No me lo cuentes, lo imagino.

Gr – ¿Qué imaginas? No es lo que tú…

M – Lo que yo piense a ti te da igual, lo sé. Hablemos de otra cosa.

Gr – Déjame hablar.

M – No hay mucho de qué hablar, tampoco es el momento.

Gr – No me hagas esto.

M – No me lo hagas tú a mi… otra vez.

Apareció Alba, un poco bebida, y se sentó en las rodillas de Gregorio. Marcelo miró a su hermano con ira, no le bastaba con jugar con Alba que además lo hacía con Lucía.  Ella también lo miró desde dentro del bar, su corazón latió deprisa y se obligó a mirar hacia otro lado, se dijo: “no pasa nada, no pasa nada”. Cuando Gregorio la miró ella ya no miraba.

Gr – Alba, guapa, ¿por qué no sigues bailando?

A – Que más quisiera, Pepe me abandonó en cuanto vio a Lucía.

Gregorio volvió a mirar hacia dentro y lo vio junto a ella, él la tenía cogida por la cintura y ella le pasaba su brazo por la espalda. Se reían y parecían mantener una conversación muy animada. Sintió celos.

Gr – Creo que con lo guapa que tú eres no tendrás problema en encontrar otro chico que quiera bailar contigo, ¿a que no?

A – ¿Quieres librarte de mi? Pues dilo y ya está. – Se levantó y cogió del brazo a un hombre que pasaba por su lado. – ¿Quieres bailar conmigo?

Cuando Alba se alejó, Gregorio se encaró con su hermano, pagando con él los celos que sentía de Pepe.

Gr – ¿A él también lo echarás?

M – Él no juega.

Gr – Y yo estoy jugando, según tú… – Gregorio se dio cuenta de que le costaría mucho hacerse entender. Si le dejara explicarse, si le diera la oportunidad de confesarle que Lucía era distinta, que lo que sentía por ella jamás antes lo había sentido por nadie, entonces, tal vez existiera la posibilidad de que su hermano lo aceptara, de que entendiera… – ¿Por qué no hablamos en otro lugar?

M – Ya te he dicho que no es el momento.

Gr – ¿Cuándo es el momento según tú? No puedo esperar, no puedo, ¿lo comprendes? Si de verdad te importara Lucía, cualquier momento te parecería bueno. – Se levantó para irse, pero Marcelo lo cogió por el brazo.

M – Siéntate. – Gregorio se sentó de nuevo. – El que no comprende eres tú. Me importa mucho Lucía, mucho. Pero no tengo claro que a ti te ocurra lo mismo.

Gr – ¿Qué pasa si Lucía es diferente?

M – De que es diferente no te quepa duda. Pero… ¿lo es de verdad para ti? Dime, ¿lo es? ¿No es un pasatiempo, como todas? ¿Cómo puedes estar tan seguro? Alba y tú estabais muy cariñosos hasta esta tarde y ahora te deshaces de ella. ¿De verdad no lo ves? – Su semblante era serio, se mostraba seguro de si mismo al hablar, creía en lo que decía. –  Yo sé lo que siento por ella y sé que ella no siente lo mismo por mi. Pero también sé que quizá si tú no estuvieras aquí, la situación sería distinta.

Gr – ¿Estás pidiéndome que me vaya? – Gregorio estaba atónito, no podía creer lo que le pedía su hermano. –  Creía que querías que me quedara…

M – Eso era antes, mucho antes de este verano, cuando necesitaba un hermano mayor en el cual apoyarme y que me ayudara. Por suerte para ti soy un hombre adulto, maduré y aprendí que no hay que esperar nada de nadie.

A Marcelo le dolieron esas palabras casi tanto como a su hermano. Él no quería que se fuera, no era cierto que no lo necesitara. Pero ya lo había dicho, por fin salieron del agujero negro donde se hallaban guardadas. Gregorio se quedó mudo. Deshecho. No hubiera imaginado nunca que su hermano sintiera tanto resentimiento, que él pudiera causarle tanto dolor. Se encontraba perdido, paralizado en la silla, viendo como cualquier posibilidad de permanecer con su hermano y amar a Lucía a la vez, se escapaba de sus manos. Si escogía amar a Lucía, perdía a Marcelo. Paradójicamente, para escoger a Marcelo debía abandonarlos a los dos. Marcelo se levantó, al pasar por su lado apoyó la mano en su hombro, apretándolo.

M – A pesar de ello… yo aún espero de ti.

Eso lo devolvió a la realidad. Marcelo entró en el bar, dejándolo solo en la mesa. Vio a Alba al otro extremo de la plaza, bailando con un chico al que no conocía. Se levantó él también y se fue a por la moto.

 

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5 pensamientos en “La cara de arriba (Down) XXI*

  1. mmmmmmm…. seguro que si digo Pam plo na… estudia mi caso? jajajajajaj, vale! pero lo de pesada… no estoy de acuerdo, que lo sepa.

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  2. Me han comentado,una tal Marina,que hay una mareada por aqui.Saque la lengua y diga Pam plo na……tiene cura pero no me moleste que voy a estudiar su caso pesada….

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  3. JOOOOO!!! Hoy si has encontrado por donde cortar,no valeee…..Te ha salido la vena de malamalisima y has pensado "Ahora los dejo con las ganas jijij".
    Gracias por tu replica a mi comentario de ayer ,hoy te dejo un beso-sin-globo por maliiiisiiiisiima. jajjaja Marina

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  4. Hola Holly,
    he pasado a ver como le iba a Marcelo….
    pero tendré que volver otro día a ver
    si no se van altraste los hermanos.
     
    Un besote

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