La cara de arriba (Handle with care) III

 

    http://www.goear.com/files/localplayer.swf    "Well, no one knows Where our secrets go…  Always old, I’ll always feel this…"

III

 

– Goyo… ¿dónde vas? ¿Puedo ir contigo?

– No, no puedes, voy muy lejos.

– Pero volverás, ¿no?

– Claro. ¿Cómo crees que podría vivir sin ti?

– Como todo el mundo, triste.

Le hizo reír a carcajadas, ese diablillo siempre lo conseguía. Acto seguido salió zumbando escaleras abajo en dirección al jardín. Allí estaba su madre, preparándose para tomar el sol. Él siguió sacando la ropa que iba a llevarse. Un par de camisetas, una camisa y un pantalón, un jersey, la ropa interior, la cazadora de cuero y un pañuelo, los guantes y la cámara de fotos. Ahora ya nunca salía sin ella. Cuando se dio la vuelta para buscar la bolsa de tela en la cómoda, Patricia estaba allí parada, apoyada en el marco de la puerta de la habitación.

– ¿No pensarás abandonarnos, verdad?

– ¿Abandonaros?

– Sí, eso que suelen hacer los hombres cuando están hartos de una mujer. O cuando encuentran a otra.

– Anda, deja de decir tonterías. Tengo que ir a un sitio.

– ¿Dónde?

Silencio. Él siguió buscando, pero no la encontraba. Debía estar en el vestidor, dentro de alguna caja, encima de alguna postada, al final de todo. Hacía mucho que no la utilizaba, ya nunca viajaba en moto. Ella lo seguía, esperando su respuesta, pero se cansó de esperar y volvió a preguntar.

– ¿Dónde?

– A ver a mí hermano.

Patricia se quedó con la boca abierta, no sabía muy bien que decir. Él nunca hablaba de su familia, realmente, sabía muy poco de su vida anterior. Siempre había sido algo que la intranquilizaba. Tenía miedo que algún día esa familia, esa vida desconocida, llegara y se lo arrebatara de la suya, de la de su hijo. Cuando pensaba en ese vacío se sentía amenazada por él, la perseguía un miedo antes ya vivido: la inseguridad de sentirse otra vez sola en un mundo hostil e hipócrita que no entendía demasiado bien que se dedicara a satisfacer necesidades, sexuales o no, de otros seres. Con él no tenía que dar explicaciones ni esconderse, él no pedía nada a cambio de nada. Tal vez porque tampoco daba nada. Convivían en una casa como si fueran pareja, pero rara vez dormían juntos, solo cuando ambos se sentían en el fondo del pozo y se hacían servir de cuerda para salir de allí.

– ¿Tienes un hermano?

– Tengo muchas cosas que tú no sabes que tengo.

– Pues no será porque yo no te haya preguntado nunca.

– No, no será… Patricia, volveré, te lo prometo. – Él le acarició la mejilla y se la besó. – Anda, continúa tomando el sol. ¿Y el niño?

– Abajo.

– Habrás cerrado la baranda de la piscina, ¿no?

– Sí. ¿Te vas con la moto? Nunca la coges…

– Ya, pero voy lejos y no me apetece ir en coche. Hace calor. A demás, como voy solo… Así tú te quedas el coche, por si lo necesitas.

– ¿Vas a estar muchos días fuera?

– No sé, unos cuantos. Hace mucho que no nos vemos, ¿no te parece que está feo llegar solo para dos días? Y ahora… se acabó el interrogatorio. Tengo que irme o me pillará toda la chicharrera en la autopista.

– ¿Me llamarás cuando llegues?

Él empezaba a bajar la escalera cuando ella le hizo la pregunta y le dio un ataque de risa. Esta Patri… ¿quien le iba a decir que acabarían viviendo juntos? Era la única mujer que había conseguido hacerle estar en un lugar fijo. Ella o su hijo. O los dos a la vez.

– ¿Es necesario?

– ¿Por qué te ríes? Sí, claro que es necesario. Quiero saber si has llegado sano.

– Y si no te llamo… ¿pensarás que me he muerto aplastado por un camión o algo así? y si te llamo… ¿como sabes que no me falta una pierna? jajajajaja!… Vaaaale, te llamaré.

Salió al jardín. Mikel jugaba con la arena y un barco lleno de piratas diminutos. El niño se había puesto un pañuelo en la cabeza y llevaba un parche subido en la frente.

– Ven aquí "Capitán Pulpo" o ¿no piensas despedirte de "Barba Negra"?

– ¿Ya te vas? ¿No podemos jugar un ratito?

– Cuando vuelva, ¿vale?

Se le colgó del cuello y le dio tantos besos y tan fuertes, que le llenó la cara de babas con sabor a cacao; acababa de tomarse un vaso para desayunar. Él le bajó el parche de tela negra, cubriéndole la nariz… estaba tan gracioso. Lo abrazó contra su pecho. No entendía como podía quererlo tanto. Lo iba a echar de menos, muchísimo. El niño se revolvió entre sus brazos hasta soltarse de él. Lo miró con sus ojos marrón miel desde su carita de color chocolate y le dijo:

– Cuando vuelvas. Prometido.

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3 pensamientos en “La cara de arriba (Handle with care) III

  1. Hummm
    Esa escena del niño que le llenó la cara de
      "babas con sabor a cacao" jejeje
    Me lo estaba imaginando….
     
    Uy!! Tengo que ponerme al día y mucho
    que leer…..ainssss
     
    Un besito

    Me gusta

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