Un par

Hace unos días pensaba en las cosas que había dejado de hacer al tener pareja. Al principio no eran cosas demasiado importantes, solo pequeñas costumbres que varías para adaptarte a tu nueva forma de existir: de a par.

De “a par” piensas que todo será más fácil. Son cuatro manos para todo y ese todo puede ser muy placentero si uno pone empeño. Pero no voy a meterme ahora en contaros como sin saberlo ni planearlo, pasan un porrón de años y lo placentero ha desaparecido junto con tus costumbres propias y particulares, dejando paso a una desconocida y anodina “tú” y no te has enterado.

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La cuestión es que hay cosas que sabes que te apetece retomar, pero no encuentras el momento. O tal vez no encuentras en tu disco duro la carpeta donde guardaste los drivers para ponerlo en marcha y hacer que todo rule. Así que llevo cuatro días mirando la pantalla y el teclado intentando empezar un pequeño relato como los que antaño (bonito palabro, que pa mí que significa un tiempo muy, muy lejano casi de cromañón) una solía escribir. Y en un intento de inspirarte, relees escritos que, por un extraño fenómeno del cual desconozco el nombre, no parece que tú hayas escrito. ¿De dónde sacaste esa riqueza de lenguaje? ¿Cómo aprendiste a contar una historia correctamente estructurada? Es más, ¿cómo sabias que había que estructurarla? ¿Todo era innato, como lo de pintar, o lo de cantar, o lo de dar palmas? ¿Acaso lo del talento en la escritura también se lleva en la sangre? A ver, que me lio, que quede claro, yo lo de cantar y dar palmas… ni puñetera idea de hacerlo, ¿eh? Pero coñe, que me he leído y no lo hacía mal. Ha habido veces que se me han puesto los pelos como escarpias de lo mucho que me he gustado. Ugh… que raro es gustarse a una misma, ¿no?

Bueno, y aquí sigo, escuchando música con mis auriculares incrustados en las orejas, porque he recordado que antes (o antaño), escribía siempre con una canción en mente, que luego acompañaba a mis historias, y que por raro que parezca, acababan dándole un bonito sentido a todo lo escrito, uno redondo y musical. Claro que, ahora que me he puesto a recordar – y mis hijos a pelearse con el perro –  también procuraba escribir cuando los niños estaban en la cama, por la noche suelo estar más inspirada (no mal penséis, ¡cochinos!), y más tranquila. Porque lo de escribir con una tribu de indios luchando contra los vaqueros de fondo, no deja paso a idea alguna, como que la historia… no fluye.

En fin…

Un par.

Un par de guantes. Un par de pendientes. Un par de gemelos.Un par de zapatos (de tacón… rojos). Un par de calcetines… son cosas que no tienen sentido si solo tienes uno de ellos.

Un par.

Un par de días. Un par de semanas, un par de meses, de años, de vidas… todo junto y aún no me alcanzaría.

¿A qué? A saber…zapatos rojos

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3 pensamientos en “Un par

  1. Encontrarás tu tiempo para tus cosas y volverán a salirte innatas, sin pensarlo mucho, la tribu de indios y vaqueros no ayuda jjjj y yo aquí estoy, para disfrutar de volver a leerte, con o sin musiquita.
    Un saludito.
    Ah, lo de pintar también deberías retomarlo… has puesto ya el caballete a la vista para ir llamando a la inspiración?

    Le gusta a 1 persona

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