Hace tiempo…

Hace tiempo…

… se me pasó el número.

Un inciso. Tal vez debería escribir de forma ordenada, cronológicamente hablando, todo el proceso, o evolución o como se llame, de esta separación, pero nunca he sido ordenada de pensamiento. Quiero decir que una no se pone a pensar primero en lo que primero le sucedió. Eso cuando pienso, claro, cosa que por otra parte y por suerte, hago cada vez más de nuevo. Y voy a contar una cosa de la que me he dado cuenta: pienso más en escribir cuando voy por la calle y me permito el lujo de dejar el WhatsApp apagado y el móvil en el bolso, porque sí, yo soy de las que van por la calle escribiendo mensajes de was. Cosa que también me llama la atención, ahora que reflexiono sobre todo esto, es el enganche a ir escribiendo o leyendo wasaps mientras camino en una u otra dirección. Y… me lleva a pensar que todo guarda relación, ya que antes dije que me gusta imaginar mis escritos mientras camino, (rarezas mías) pero si ocupo mi mente en entender conversaciones de wasap o mirando fotos de cualquier aplicación, no pienso. Reconozco que en este último año (un año ya!) no me apetecía demasiado pensar en mi situación, porque la verdad es que yo la veía tremenda, injusta, horrible y triste, y  todo eso me hacía llorar, así que era preferible mirar la pantallita del móvil. Fíjate, en un año mi vista se ha ido al garete, que pena. Ahora necesito gafas para leer. En realidad, todo es una cadena de desdichadas desgracias, jajajajajajajajaajaj (me permito la dispensa de reírme como en los cómics, aunque no sea correcto en prosa, pero la ocasión se lo merece).

Dicho esto, hoy venía por la calle pensando en una conversación con el que antes era mi marido. Aún no puedo llamarlo ex-marido porque no hemos “normalizado” (qué risa de término para esto) nuestra situación. Culpa mía, culpa de él, culpa mía otra vez, culpa suya de nuevo… ¡qué más da una culpa más o menos! Tenemos tantas ya… en fin. Y por la calle, me he dicho: lástima que no tenga un papel a mano, o, en su defecto, una grabadora pequeñita como los periodistas que se precien, para ir apuntando vocalmente mis pensamientos, y así luego poder transcribirlos al pc. Acabo de tener un dejà vu. Eso ya lo había pensado antes, años ha. Nota mental: ponte a escribir en cuanto llegues a casa. Y en eso estoy. Así que vuelvo al principio de este texto: se me pasó el número. Os cuento.

Cuando se da una separación en una pareja, suelen haber diálogos, conversaciones entre ellos. Es lo normal, o por lo menos, debería serlo. He de decir que en nuestro caso, las conversaciones, pocas, que hemos tenido, han sido todas solicitadas por mí. Por lo visto mi pareja no consideraba necesario hablar de nada, porque él ya tenía claro lo que quería, y no era estar conmigo. Y de ahí no salía. Como es de esperar, no puedes decirle a una mujer que lo blanco es blanco y dejarlo ahí, tienes que dar una explicación de porqué es blanco y no marfil, o blanco nieve, y porqué no podría seguir siendo blanco roto. Y dado que a mí no se me satisfacía mi necesidad de entender, la solicitaba. En una de esas conversaciones, mi hasta entonces marido, me dijo que yo había perdido mi oportunidad, tres años atrás, en referencia a la unidad familiar trasladándose junta a otra ciudad. Venga ya, ¿en serio? A ver, que me he perdido. Resulta que yo había ido a una pescadería a por lubina de la buena, porque la merluza que comía hasta entonces ya me estaba bien, era muy buena y tal, pero me sabía a poco, a pobre, y quería comprar pescado del pijo; y cogí un “su turno” y me fui a por otras cosas. Y va y dicen mi número. “Meeeec! El 68…? Meeeec!… 69?” Pero, pero… ¿perdón? ¿Y ya? ¿Una vez? ¿Sólo van a llamarme una vez? ¿Y qué pasa si yo me he ido a la otra punta de la pescadería a por otra cosa? No sé, como una bandeja de calamares congelados, o ayudar a mi padre con Alzheimer, o relevar a mi madre en el hospital por la mañana y hacer compañía a mi hermana enferma terminal, mientras esperamos a que pase el médico, cosas así… para aprovechar el tiempo. Creo que al menos, podría decir mi número unas cuantas veces más, ¿no? Algo así como… “Meeeec ¿El número 68? … ¿El 68?… Perdón, ¿68?… ¿Alguien tiene el 68?… ¿¿¿¿EL 68????… Meeeec!!! El 6… ¡¡¡Sí, sí, sí, lo tengo yo, lo tengo yo!!! ¡Quiero lubina!” Eso son, por lo menos cinco oportunidades. Me hubiera dado tiempo a enterrar a mi hermana, dejar colocado a mi padre en la residencia, dejar a mi madre recuperada del drama, recuperarme yo y coger la bandeja de calamares congelados. Pero se ve que el pescatero tenía prisa, y me quedé sin MI oportunidad de comer lubina. Vamos, que no la voy ver, mucho menos catar.

De verdad. Os lo juro por Snoopy. Jamás creí que podría perder un “su turno”, porque jamás creí que un matrimonio pudiera compararse con una pescadería.

Y en todo eso pensaba yo por la calle, sin papel, sin grabadora, y porque no iba mirando el wasap.

Holly

Pd; No os ralléis demasiado con mis “hace tiempo”, son parte de mi terapia de liberación.

 

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2 pensamientos en “Hace tiempo…

  1. solo dos cosas: el movil tiene grabadora y de verdad… esa lubina .. realmente era una pescadilla, aunque ahora no lo veas, el tiempo te lo demostrará

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