Pasar…

“No rosto o desgosto, é um pouco sozinho”

Pasas.

Llevas un vestido demasiado ceñido, demasiado corto, demasiado escotado, demasiado adulto para ti. Llevas también la frescura de tu años, la alegría de la despreocupación en tus curvas, en tus piernas, tu cintura, tus senos, en tus ojos, que jamás se posarán en los míos… para mi tortura.

Vuelves a pasar.

Llevas tu sonrisa puesta, tu mirada alejada de mí, tu pensar atrapado en otra parte, tu sentir en otro corazón. Tu cuerpo se mueve hacia otro lugar, otro hombre. Tu boca siente hambre de otra boca. Y no puedo hacer nada. No hago nada por remediarlo porque no eres para mí, aunque lo quisiera.

Sigo sentado, con mis libros, mis apuntes, mis años, mis cábalas eternas. Invisible a ti. Pesadamente existo en mi vida solitaria y asisto a la lujuria de tu juventud, te veo florecer como regada por agua de marzo, brillante, tierna, exuberantemente dulce y suave.

Y pasas. Cada día pasas.

Por delante de donde yo permanezco anclado, sentado esperando que caiga tu agua, esa que todo lo hace vivir, esa que lo moja todo y le saca los colores y que mece mi mesa y mi silla en la marea de tus olas, que me empapa de las gotas que salpicas sin darte apenas cuenta, la que crea torbellinos de emociones, de esperanzas, de tristezas…

Pasas.

Y conviertes la suave brisa en huracanes que me arrastran a lo más profundo de mi miseria, borras los caminos de mi cordura y me hundes en el pozo del desaliento, sin remedio, sin compasión, lastras mi vida hacia un lecho de barro que nubla mi razón y mi entendimiento.

Pasas sin darte cuenta de nada. Yo no existo. Yo no estoy aquí sentado solo cada día. A la misma hora, en el mismo lugar. Esperándote, como la tierra espera la suave lluvia que la llena de vida. Esperando sin esperanza de que devuelvas mi larga vida al principio del camino. De tu camino. Para hacerlo contigo como si yo fuera otro. Recorrer la vida casi desde el principio, metido en una chifladura que me invento cada vez que… pasas.

Caminas y no es hacia mí, porque yo no te llamo, no conozco tu nombre, más lo invento cada vez, uno distinto cada día. Eres un rayo de sol, eres un cristal de colores, una piedra bonita, una flor rosada, una gota en la ventana, una hoja brotando verde, un nido en un árbol, el chorro de una fuente, una risa de niño, una canción, una rama meciéndose, un columpio, una fruta roja, eres paz, eres noche cálida, un desayuno en la cama, una trenza de niña, un canto de pájaro, eres amor. Eres mi amor. Eres vida. Eres mi vida.

Pasas. Como la vida, pasas. Dándomela sin saberlo. Pasas.

Holly

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2 pensamientos en “Pasar…

  1. Pingback: 191/365 días con música, “Águas de Março” | Solo Laura

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