No debiera ser fácil.

Podéis elegir, porque hoy no sabía con cual quedarme. 

 

Es tan fácil decir “te quiero”.

Declaramos esas palabras sin pararnos a pensar y de tanto pronunciarlas las desgastamos, despojándolas de su íntimo significado.

Porque… ¿qué significan? ¿Cuál es su propósito al ser dichas? ¿A quién y cómo? ¿Cuándo es el mejor momento de comunicarlas? ¿Dónde las pronunciamos? Y lo más importante, ¿por qué lo hacemos?

No lo sabemos.

Aun así, las soltamos inconscientes. Les damos el poder sobre nosotros y ellas dibujan y desdibujan las líneas de nuestros presentes, despojando a nuestros días de sentido o dándoles toda la paleta de colores del universo para llenarlos.

Nos hacen vulnerables y somos vencidos por ellas casi siempre. Nos rendimos. Nos sometemos. Pocas son las veces que triunfamos sobre ellas, y al fin, el AMOR en mayúsculas se impone sobre la posesión.

Pero, ¿y todas las otras veces? ¿Qué pasa esas veces que un “te quiero” te aplasta contra una vida que no has planeado? O te cambia de rumbo poco a poco y te lleva a años de distancia de lo que esperabas de ellas. Cuando te das cuenta, si es que eso sucede, la bofetada es demasiado fuerte. Y miras atrás asustado, esperando encontrar una razón lo suficientemente grande, coherente, justa y poco dolorosa, que palíe un poco la consternación de descubrir los enormes vacíos que, poco a poco, fueron envolviendo a todos esos “te quiero” que proclamaste. Y no la encuentras. Porque no hay razones suficientes. Y si las hay, nunca fueron fáciles. Siempre resultó mucho más cómodo formular un “te quiero”.

Así estoy ahora. Descubriendo la cantidad de “te quieros” que llenan nuestro pasado y cómo afectaron en nuestra vida. Trato de mantenerme firme, de no derrumbarme al ver lo lejos que estoy de dónde me hubiera gustado estar contigo… supongo. Porque ya no hay ni tengo nada claro, y es difícil decidir qué hacer con lo evidenciado.

Y el tiempo se vuelve lento entre el último “te quiero” que te dije y el próximo que te diga… tal vez no sea pronunciado nunca. Lento porque mantendré una lucha contra él, disparatada y absurda, que pretenderé ganarle para no caer en lo fácil que resulta decir “te quiero” y dejar que todo pase como hasta ahora.

Dificultad añadida.

Entonces tú, entras en mi vida, como cada día, por la puerta de un “te quiero”, pronunciado desde la ignorancia de lo fácil que resulta adormecerse con él. Y me duermo contigo, de nuevo. Te abrazo de un enorme vacío lleno de cotidianidad. ¿Otra vez?

Dejaré que venza. Te diré…

“Te quiero”.

Holly

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3 pensamientos en “No debiera ser fácil.

  1. no se deberia decir esa palabra sin q hubiera un verdadero sentimiento ..ahi va con sentimiento TE kiero laura con k de kilo 😉 eres un encanto eso sí sinpretensiones como dice Esti 😉 un besito

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  2. Palabras tan importantes que se vuelven huecas y nos dañan cuando dejan de tener sentido, cuando se pronuncian o se escuchan y nos resguardamos en ellas cuando sabemos que nos estamos atando a algo que no es….
    Un saludito y un te quiero, sin pretensiones.

    Le gusta a 1 persona

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