No sé cómo llamarlo.

Podría hablar de tantas cosas, desde el lugar en el que me encuentro, la situación, es privilegiada. Desde aquí todo es distinto. Veo los errores, las verdades, los miedos, todo en su justo lugar, en su justo momento.

Y te veo a ti.

Eres bonita, pero tú no lo sabes, y actúas en consecuencia. Te comportas tantas veces de forma tan absurda, que muchas de las opiniones que la gente de tu alrededor tiene, se deben a eso. No importaría, si tú luego no anduvieras preocupada por ello. Y no comprendes porque esta o aquel te hicieron un comentario que no entendiste, ya que tú te esforzaste en agradar, en ser como los demás. No te das cuenta de que eres distinta, de que ellos lo saben, y que nunca te entenderán, ni tú a ellos. Por más empeño que le pongas o le pongan ellos. Alguna vez te tropiezas con alguien que lo intuye, y se acerca mucho, mucho, a ti. Pero tú te has vuelto desconfiada y dudas de la sinceridad con la que te trata. Te has vuelto celosa de tu mundo, de tu persona, y pones trabas, un cerco de espino que se levanta insalvable a tu alrededor, protegiéndote pero dejándote sola. Es una lástima. Pierdes tanto tiempo…

Sí que es cierto que no solo a ti te miro, que tengo infinidad de distracciones, muchas otras personas en las que fijarme, muchas otras vidas que mirar, llenas de resentimientos, de nimiedades, de grandezas, de locuras, de esperanzas… Algunas son realmente maravillosas, y me aflige tener que acabar con ellas. En otras, el final es un alivio merecido. Aunque no vacilo en ningún momento, alguna vez me angustia. Desde que el tiempo es tiempo, que estoy aquí, he adquirido muchas habilidades, las fui descubriendo poco a poco y a veces estoy tentado de hacer uso de ellas, sin medir consecuencias. Pero la experiencia me dice que no merece la pena. Por eso siempre acabo volviendo a ti. Contemplar tu pequeña existencia solitaria, apacigua mi consternación en esos casos.

Siento que con solo un soplo, podría ayudarte a ser feliz de veras. Sin artificios, con sinceridad. Pero no puedo hacerlo. Y es… es difícil admitirlo. Para mí. Además, creo que no quiero compartirte. Egoísmo puro. Son sentimientos contradictorios. Por una parte me apena esa soledad de la que solo tú eres responsable, y por otra, si te ayudara tal vez encontrarías a alguien con quien compartir tu vida y entonces pasarías a ser como cualquier otra. ¿Me gustaría entonces mirarte, verte cambiada, sabiendo que amas a alguien? Bueno, eso no lo sabré nunca, porque no va a suceder. Tu vida es esa y así debe quedarse. Sé que hay muchas más almas como la tuya, con tu mismo problema de inseguridad en sí misma, pero fui a fijarme en ti. Y ahí me quedé, contigo. Y me gusta.

No me da miedo. O sí. Tal vez debería confesarme a mi mismo que sí. ¿Qué pasará cuando tenga que ir a por ti? No debe preocuparme, me digo. Será perfecto. Haré que lo sea. Y te tendré ese breve instante de traspaso entre dos vidas, llegarás a verme, y me amarás. Como me aman todas. Lo sé. Pero, también sé que eso, no durará demasiado. Y te perderé para siempre. Te irás con lecciones aprendidas a vivir de otras formas y ya no serás tú. ¿Te echaré de menos? No sé. ¿Encontraré a otra que me distraiga, que ocupe tu lugar? No, no, tampoco quiero eso. No quiero que nadie ocupe tu lugar. ¿Por qué me pasa esto? Esto que no entiendo, que no sé lo que es.

¿Qué es?

No sé cómo llamarlo.

Holly

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