Vestida de azul

Me levanto emocionada, hoy es el día.

Entro en el lavabo antes que mi hermano, no quiero pasarme media hora esperando a que acabe, me miro en el espejo y, ¡oh! tengo una espinilla. Precisamente hoy. Qué palo. Es igual, me he propuesto estar guapísima y lo voy a conseguir, sea como sea.

Ayer preparé la ropa que voy a ponerme, (aunque no descarto elegir otra cuando me vista), y eso me da tiempo para peinarme y maquillarme. A ver si consigo disimular el cráter que acabo de hacerme, he reventado el inoportuno granito de mi mejilla mientras me duchaba. He pensado que podría taparlo con un corazón rosa, a lo María Antonieta. Bueno, no sé si María Antonieta llevaba corazones rosas en sus mejillas, tal vez fuera un lunar, pero sí recuerdo verle los pómulos muy rosas y el resto de la cara muy blanca en una peli. Ese es el efecto que quiero conseguir.

No ha quedado mal del todo. También me puse unas pestañas azul celeste, como los labios. Ahora a peinarme.

Llevo tres intentos de recogerme unos moñitos a los lados sin que parezcan dos totós de niña tonta, tengo poco pelo y demasiado corto. Ayer me pasé con la tijera, me teñí de lila y me lié a cortar y cortar y… se me fue la mano. Paso. Voy a liarme unos lacitos de colores a boleo. Ya está, estupendo, ya puedo ir a vestirme.

Qué nervios. Pongo música. Hace dos minutos le colgué el móvil a mi amiga, no paraba de pedirme que me hiciera fotos y se las mandara. Qué pesada. Al final llegaré tarde.

Ya tengo las primeras medias puestas, son de rayas de diferentes tonos de azul. Ahora las negras. Le he hecho unos agujeros y se ven las de debajo por ellos. ¡La combinación con el tul turquesa asomando por debajo de la falda del uniforme es brutal! Acortarla ha sido un acierto. Lo que no me convence es la camisa celeste. Aunque luego lleve el chaleco azul oscuro se ve muy serio. Así que… ¡la blanca! Me subo las mangas para que se vea la camiseta transparente amarilla y, ¡tacháaaan! Genial. Esta combinación sí que me gusta. A las botas negras le he cambiado los cordones por unos amarillos, y quedan de lujo.

Vale. Ya estoy.

No tengo ni hambre.

Salgo disparada por la puerta diciendo un adiós a escape. Deseo llegar antes que él al cole. Quiero estar en el pasillo, esperando a que llegue y me vea allí, plantada en la puerta de la clase. Me muero por ver la cara que pone. Me voy directa hacia mi amiga, que da pequeños saltitos y palmas en cuanto me ve, qué boba. Están casi todos aquí y a él no lo veo. Sus amigos me miran de reojo y cuchichean entre ellos. Mi amiga no para de tirarme de los lacitos, me pone frenética. Me paso todo el tiempo quitándole las manos de mi pelo.

Suena el timbre y espero todo lo que puedo para entrar a clase.

No ha venido.

Miro su pupitre al entrar, por si hubiera llegado antes que yo, pero no está. Me siento en mi sitio y no consigo quitar mis ojos de la puerta. El profesor tiene por costumbre pasearse mientras explica la lección, y se ha interpuesto en mi línea de visión en varias ocasiones. Todas ellas, me ha mirado directamente, como advirtiéndome, “Me doy cuenta que no atiendes”, parece decirme. Es verdad, no me estoy enterando de nada. ¿Dónde se habrá metido? ¿Ha elegido precisamente este día para hacer campana? ¿Ha enfermado hoy, justo hoy? La mañana se me hace eterna. No veo la hora de salir a desayunar.

Tampoco ha venido después del descanso. He pasado el resto de clases muy abstraída, pensando en multitud de motivos por los cuales no ha venido hoy a clase. Y no se me ocurre ninguno bueno. Incluso he llegado a pensar que cambió de colegio, de ciudad, e incluso de estado. Vuelvo a casa triste. O confundida. O decepcionada. O preocupada. O abatida. No sé muy bien cómo definir mi estado de ánimo. No consigo despegar mis ojos del suelo durante todo el trayecto. El resto de día lo pasaré tumbada en mi cama, mirando al techo y escuchando canciones J-pop.

¿Es él? ¿Está ahí, parado en mi puerta? Viste raro. No lleva la camisa de un color chillón por fuera, ni las mangas subidas hasta medio brazo, ni los ojos tapados por su largo flequillo. No lleva la muñeca llena de pulseras de cordones trenzados, ni asoman sus colgantes por el cuello abierto de su camisa. Tampoco lleva las zapatillas rojas y viejas con los cordones a rastras de siempre. No parece él. Parece “normal” y él no es normal. No como los demás. Me ha mirado y sí, la verdad que mi atuendo debe haberle causado impresión por la cara que ha puesto, solo que a mí también me la causó el suyo, así que la excitación del momento se desdibuja un poco. Se acerca y extiende su mano para darme un sobre.

Y se va.

En casa, tirada en mi cama, miro el techo moverse como la superficie de un lago. Suena Kana Nishino. Y pienso en porqué hice tantas hipótesis si solo bastaba una. La más terrible.

Se va.

Por lo menos sé que se fijó en mí.

Holly

pd; He tenido que escuchar más de 30 o 40 canciones niponas de “Anison” (con este tono de pito que tienen casi todas, tengo el tímpano perforado) hasta encontrar una que, más o menos, toleraran la mayoría de oídos y, además, no se fuera mucho del tema.

pd2; Reconozco que hoy no es uno de mis mejores relatos.  Qué se le va hacer, ya vendrán otros mejores. 

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4 pensamientos en “Vestida de azul

  1. Nunca digas k no es de tus mejores relatos . Todos son únicos e irrepetibles, son como tus hijos, cada uno diferente y con su personalidad.
    Yo me he trasladado totalmente al mundo anime, como si estuviera viendo una peli en la tele. Y la música guaiiii.
    K mona ellaaaa….pero despues de la decepción..viene la animación …jajaja nunca mejor dicho. Besito

    Le gusta a 1 persona

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