… pero pensé, ¿por qué?

Debí llorar… pero pensé ¿por qué?

No me salen lágrimas. Es… como si estuviera seco. En todos los sentidos. Un desierto de arena roja se ha apoderado del espacio que antes ocupaba mi corazón.

He hecho la maleta. No me llevo nada, ¿para qué? No quiero, no necesito nada de lo que compartimos hace tanto tiempo. No estoy resentido, de hecho, creo que mi estado se acerca más al agradecimiento que otra cosa.

Esta mañana, al salir de casa de mi amigo, el que me acogió aquella noche y todas las que le han seguido, me he cruzado con un par de conocidas. Vecinas de la infancia, compañeras de patio de luces de mi madre, donde se contaban los chismes mientras tendían ropa. Las dos han coincidido en que estoy guapo. Es más, una me ha dicho que le gustaría más yo como yerno que el tipo insulso que se ha ligado su hija. Recuerdo a su hija. Era una escuchimizada con trenzas y aparato en los dientes. He sentido curiosidad, pero no me he atrevido a pedirle foto, no sea que se hiciera ilusiones la mujer. Así de seguro de mí mismo estoy.

He estado buscando piso y son muy caros. Así que, dejo por fin en paz a mi amigo y me largo a hacer de au-pair a Berlín. Siempre he querido aprender alemán. Ya sé que soy algo mayor para eso, pero como estoy tan seguro de que les voy a gustar, no habrá problemas. Soy un crack haciendo tortillas de patatas con pimientos verdes, ¿recuerdas? Y muy ordenado, y educado. Y guapo. Si es que lo tengo todo.

Bueno, pues eso, que no me llevo nada. Puedes hacer lo que quieras con todo. Incluso tirarlo a la basura si te molesta. Aunque si lo pones a la venta igual le sacas un dinerillo, que yo nunca tuve mal gusto, y los cuadros al igual no te duran ni un día en internet. La ropa también puedes venderla, casi todos los pantalones me caen grandes, de ahí también sacas un pico.

Puedo parecer algo insensible, lo sé. Nada más lejos de la realidad. Sufrí mucho cuando me dijiste que te gustaba otro y que querías que me fuera. Solo que no lloré. Mira, en ese momento no me salió hacerlo y después ya, ¿para qué?

Cuando miro dentro, de mí quiero decir, no encuentro lo que sentía por ti. Es extraño, porque no recuerdo haberlo perdido. Y de estar, estaba. No entendía mi vida sin ti hace poco menos de un mes. Y mira ahora. El único cambio que sí he notado, ha sido una elevación de mi temperatura corporal. No tengo fiebre ni nada de eso, no estoy enfermo, pero no necesito mucho para abrigarme. En serio, vende mi ropa, por el chaquetón te dan pasta.

A veces, cuando me da por crear mis historias scifi, imagino un Simún creciendo y creciendo en mi interior, matando cualquier forma de vida, erosionando las paredes de mi cuerpo desde dentro, vaciándolo todo, dejando una nube naranja en suspensión que es la causante de que no pueda encontrar vestigio de sentimiento alguno. Hacia ti, claro. De rebote hacia nadie. Va a ser lo malo.

Pero  ya llegará el día en que el polvo se asiente y llegue la lluvia que lo arrastra todo. La arena y lo muerto.

Debí llorar. En su momento, debí llorar. Tal vez ahora yo, sería diferente. En fin…

Incluso, alguna vez, llueve en el desierto. ¿No?

Holly 

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Un pensamiento en “… pero pensé, ¿por qué?

  1. Llorar limpia, se lleva lo que sobra dentro, de vez en cuando viene bien, es esa lluvia en el desierto que deja brotar una brizna de hierva… nunca es tarde para romperse a llorar y vaciarse del todo.
    Un saludito.

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